Desarrollo emocional 0a3 simples.pdf


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b.

La constitución de la regulación afectiva*
En la primera infancia, el niño carece de la capacidad de regular por sí mismo sus estados emocionales y queda a merced de reacciones emocionales intensas. La regulación afectiva solo puede tener
lugar en el contexto de una relación con otro ser humano. El contacto físico y emocional —acunar,
hablar, abrazar, tranquilizar— permite al niño establecer la calma en situaciones de necesidad e ir
aprendiendo a regular por sí mismo sus emociones.
El adulto a cargo de la crianza de un bebé debe poner en juego una capacidad empática* que le permita comprender qué es lo que necesita ese niño, que si bien aún no puede expresarse con palabras,
sí se comunica a través de gestos, miradas, movimientos, llantos y sonrisas.
Las respuestas emocionales del adulto en sintonía con el estado interior del bebé generan primero
un estado de corregulación afectiva o regulación diádica que lleva, unos meses más tarde, al logro
de la autorregulación afectiva por parte del bebé. Esto significa, por ejemplo, que si un niño llora
sin ser consolado, se encuentra solo en el aprendizaje del paso del malestar a la calma y al bienestar.
Ese bebé puede llegar a tener dificultades para autocalmarse no únicamente en sus primeros meses
sino a lo largo de todo su desarrollo4 (Schejtman y Vardy, 2008; Tronick, E, 2008).

c.

La constitución de la confianza básica
En un nivel emocional, la confianza básica* es un logro que se da como resultado de numerosas
interacciones satisfactorias entre el bebé y sus cuidadores primarios. El niño que ha construido su
confianza básica puede luego explorar el mundo, crecer, separarse e individuarse. La confianza se
relaciona con la seguridad que un niño tiene de saber que sus cuidadores son sensibles a sus necesidades físicas y emocionales, y que van a estar disponibles si los necesita. Un niño que se siente
seguro respecto de los adultos que lo cuidan no ignora los riesgos de aventurarse alejándose un tanto
de ellos, pero avanza de todos modos sabiendo que tiene dónde respaldarse en caso de necesidad.
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los
sentimientos positivos en el niño. La expectativa que tiene el niño sobre lo que se puede esperar
de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y
repetidas en el tiempo. Se construyen así esquemas mentales acerca de cómo es estar con el otro5.

4 Schejtman, C., Vardy, I. (comp.) (2008): “Afectos y regulación afectiva, un desafío bifronte en la primera infancia”
en Primera infancia. Psicoanálisis e investigación. C. Schejtman, comp. Buenos Aires: Akadia editorial.


12

Tronick, E. (2008): “Conexión intersubjetiva, estados de conciencia y significación” en Primera infancia.
Psicoanálisis e investigación. C. Schejtman, comp. Buenos Aires: Akadia editorial.

5 Stern, D. (1985): El mundo interpersonal del infante. Buenos Aires: Paidós.