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- Creer en la utopía, en el cambio positivo de la realidad.
- Reconocer sus dudas, miedos, alegrías.
- Saber estar disponible, con actitud de escucha y respeto.
- Ser ávido de información y formación contínua.
Porque el Animador que la sociedad precisa debe ser sobre todo «Educador», tiene que ser un «personaje» que ayude, que colabore con aquellos con los que trata para ser más persona. Deberá hacer una
lectura de la realidad, ser capaz de captar los datos de lo que pasa a su alrededor, saber qué quiere conseguir, haber optado por educar y transformar una sociedad que adolece de múltiples carencias, velar por
los más desatendidos, hacer del educando el verdadero protagonista, estar en formación constante, reflexionar sobre la práctica diaria...
Con este Manual se busca, ante todo, una formación compuesta no sólo de conocimientos teóricos sino
una formación basada en la «acción-reflexión», cubriendo estos tres aspectos: formación de actitudes,
adquisición de conocimientos y dominio de habilidades.
La formación de actitudes es la propia del talante del Educador: democrático, dialogante, respetuoso,
tolerante y pluralista; aunque se supone que el candidato a Educador tiene una cierta predisposición
anterior que trata de desarrollar en el período de formación.
La formación en conocimientos pretende formar sobre cuestiones generales relacionadas con su ámbito
de actuación, recurriendo al especialista en los casos que sea necesario. Por eso debe adquirir ciertos
conocimientos de:
- Psicología evolutiva.
- Metodología de la educación.
- Instituciones de Tiempo Libre: Ludotecas, Centros de Tiempo Libre, Pretalleres...
- Técnicas de intervención...
La formación de habilidades pretende que el Animador adquiera los conocimientos suficientes para desarrollar unas tareas determinadas:
- Para elaborar un proyecto, desde el análisis de la realidad hasta la evaluación.
- Ejecutar el proyecto según los objetivos, actividades y la planificación prevista.
- Evaluar un proyecto o una actividad.
- Organizar y utilizar adecuadamente los recursos para desarrollar una actuación socioeducativa positiva.
El Educador debe capacitarse profesionalmente con toda la formación que está a su alcance para ser
capaz, sin titubeos, de actuar en un grupo, asociación o ante un determinado colectivo.
La Educación de Calle es una forma de acción pedagógica dirigida, fundamentalmente, a los jóvenes y
menores inadaptados. Posee un carácter a la vez alternativo y complementario del sistema educativo
institucionalizado. Se desarrolla en los espacios reales de desenvolvimiento vital y cotidiano del sujeto de
la intervención, utilizando como recurso pedagógico primordial la propia persona del Educador y la relación pedagógica que se establece a posteriori.
Este Manual ofrece una aproximación al concepto y alcance de la Educación de Calle. Se pretende brindar unos conocimientos básicos sobre la problemática de los menores y jóvenes inmersos en el mundo
de la marginación y sobre las posibilidades educativas reales en ese campo.
El Manual se dirige a personas que deseen obtener una formación básica que permita posteriormente
acceder a niveles de preparación suficiente para trabajar eficazmente en el mundo de la marginación.
Los objetivos que se persiguen, pues, son:
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