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Social, Educacion Social, Educacion Infantil, Integracion Social, Enfermeria, Auxiliar de Clinica... asociaciones, instituciones, colectivos, centros civicos, dirigentes de asociaciones...

JUSTIFICACIÓN:
Cuando se habla de Educadores de Calle en nuestro país todavía son muchas las personas que no saben exactamente a qué tipo de profesional nos estamos refiriendo. Existe un desconocimiento generalizado de las funciones y las áreas de intervención que estos Educadores desarrollan en barrios y entre
colectivos, sobre todo, de las grandes urbes. No ocurre así, sin embargo, con otros animadores con una
amplia solera de trabajo (Monitores y Directores de Tiempo Libre, Ludotecarios, Animadores Socioculturales, etc.); pero cada vez más, nuevas instituciones han ampliado el panorama de posibles actuaciones de
estos profesionales, y concretamente la del Educador de Calle. Esto ha condicionado también diferentes
perfiles de funciones y métodos, lo que exige una acomodación de la formación a los aspectos diferenciales de estas profesiones, entre ellos:
- Los destinatarios: en función de la edad en sectores concretos (infancia, adolescencia, juventud, tercera
edad) o en función de otros aspectos (marginación, disminuidos, intervención comunitaria, drogodependientes, ex-reclusos...).
- Los modelos institucionales: equipamientos específicos, administración, entidades sociales o vecinales,
etc.
La diversificación de los perfiles del Animador y del Educador Social, así como su profesionalización, son
cambios cualitativos que piden una respuesta desde una formación que abarque el aspecto humano y
personal, el pedagógico y el técnico de su función y de su condición de educador.
La necesidad que la sociedad actual tiene de la figura del Educador de Calle es incuestionable y su preparación técnica y humana debe tender hacia una mayor precisión en el trabajo que permita aumentar la
calidad en sus tareas.
El crecimiento del tiempo de ocio, consecuencia de la transformación del mundo laboral, logros sindicales, avance tecnológico y prosperidad económica, facilita o incluso sustituye la tarea del hombre. Si a ello
añadimos el aumento de los mass media que fomentan la pasividad, aísla a las personas en su hábitat de
ladrillo y hormigón y crea ciertas dependencias, tenemos el caldo de cultivo para una intervención urgente
que recupere el verdadero sentido de la vida humana.
Fue en Austria, en 1955, en una reunión organizada por la UNESCO cuando por primera vez se utilizó el
término «animación», adquiriendo consistencia en Francia en los años sesenta. En este país se da una
reglamentación extrema de las actividades educativas de Tiempo Libre infantil y juvenil, fruto de una sólida tradición de diferentes entidades, federaciones y del mismo estado.
La intervención en el propio entorno y con la colaboración del menor, la familia y la comunidad, comenzó
en Francia y se extendió a Canadá, Bélgica, Suiza e Inglaterra. En Bélgica existen las «animaciones
permanentes» en barrios populares, que se proyectan directamente en la calle o en las casas de los niños, tratando de facilitar procesos educativos, de integración social y de comunicación.
También se han desarrollado junto a otras instituciones (bibliotecas, ludotecas, centros de integración
social y laboral, equipamientos deportivos, centros de educación ambiental,...) cooperativas y empresas
especializadas en el Tiempo Libre. Con desigual desenvolvimiento, las actividades son desarrolladas por
profesionales o voluntarios, pero se marca una indudable tendencia a la profesionalización, tanto de la
estructura de las entidades como de los propios animadores.
El trabajo socioeducativo en el Tiempo Libre aparece como un quehacer diario en el seno de la sociedad.
Los niños y jóvenes necesitan espacio (campos, salas, lugares de encuentro) y acción (recreo, deporte,

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