1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES.pdf


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Porque nutridos ellos mismos con la participación activa en la vida litúrgica de su
comunidad, cumplen solícitamente su cometido en las obras apostólicas de la misma;
conducen hacia la Iglesia a los que quizá andaban alejados; cooperan resueltamente en la
comunicación de la palabra de Dios, sobre todo con la instrucción catequética; con la ayuda
de su pericia hacen más eficaz el cuidado de las almas e incluso la administración de los
bienes de la Iglesia.
La parroquia presenta el modelo clarísimo del apostolado comunitario, reduciendo a
la unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran e insertándolas en la
Iglesia universal. Acostúmbrense los laicos a trabajar en la parroquia íntimamente unidos a
sus sacerdotes; a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y los del
mundo, los asuntos que se refieren a la salvación de los hombres, para examinarlos y
solucionarlos por medio de una discusión racional; y a ayudar según sus fuerzas a toda
empresa apostólica y misionera de su familia eclesiástica.
Cultiven sin cesar el sentido de diócesis, de la que la parroquia es como un célula,
siempre prontos a aplicar también sus esfuerzos en las obras diocesanas a la invitación de su
Pastor. Más aún, para responder a las necesidades de las ciudades y de los sectores rurales, no
limiten su cooperación dentro de los límites de la parroquia o de la diócesis, procuren más
bien extenderla a campos interparroquiales, interdiocesanos, nacionales o internacionales,
sobre todo porque, aumentando cada vez más la emigración de los pueblos, en el incremento
de las relaciones mutuas y la facilidad de las comunicaciones, no permiten que esté encerrada
en sí misma ninguna parte de la sociedad. por tanto, vivan preocupados por las necesidades
del pueblo de Dios, disperso en toda la tierra. Hagan sobre todo labor misionera, prestando
auxilios materiales e incluso personales. puesto que es obligación honrosa de los cristianos
devolver a Dios parte de los bienes que de El reciben.
La familia
11.
11. Habiendo establecido el Creador del mundo la sociedad conyugal como principio
y fundamento de la sociedad humana, convirtiéndola por su gracia en sacramento grande... en
Cristo y en la Iglesia (Cf. Ef., 5,32), el apostolado de los cónyuges y de las familias tiene una
importancia trascendental tanto para la Iglesia como para la sociedad civil.
Los cónyuges cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y demás familiares,
cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Ellos son para sus hijos los primeros
predicadores de la fe y los primeros educadores; los forman con su palabra y con su ejemplo
para la vida cristiana y apostólica, los ayudan con mucha prudencia en la elección de su
vocación y cultivan con todo esmero la vocación sagrada que quizá han descubierto en ellos.
Siempre fue deber de los cónyuges y constituye hoy parte principalísima de su
apostolado, manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y la santidad del vínculo
matrimonial; afirmar abiertamente el derecho y la obligación de educar cristianamente la
prole, propio de los padres y tutores; defender la dignidad y legítima autonomía de la familia.
Cooperen, por tanto, ellos y los demás cristianos con los hombres de buena voluntad a que se
conserven incólumes estos derechos en la legislación civil; que en el gobierno de la sociedad
se tengan en cuenta las necesidades familiares en cuanto se refiere a la habitación, educación