TEORIA DEL PATRIARCADO COMO EXPLICACIÓN DE LA DESIGUALDAD DE GENERO..pdf

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Género e Igualdad en el Trabajo Social.
El Género como Construcción Social.
Francisco José Vidal mazo
Febrero 2015
Leila, se da cuenta de que sus verdaderas exigencias van más allá de la
canalización del agua, se encaminan a la igualdad de derechos entre su género y el
masculino, que el Corán también defiende.
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Sami es el marido de Leila, maestro de la aldea, entiende la cultura como una
herramienta de libertad, quiere que los niños y sobre todo las niñas aprendan a
pensar.
Es un hombre culto, enseña a Leila a leer y escribir: le descubre el libro sagrado
del Corán que Leila reinterpreta con ojos de mujer; y también le abre a la riqueza
de su cultura contenida en “Las mil y una noches” cuya narradora es
Scheherezada, algo de la audacia y de la forma de narrar de esta mujer, pervive en
esta historia árabe del siglo XXI que protagoniza Leila.
Sami apoya a Leila en su iniciativa y le da un consejo “haz esa huelga, pero hazla
con amor y respeto”.
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Madre Fusil es una mujer mayor, viuda, no tiene quien la gobierne en su casa, en
la aldea tiene mucha autoridad. Madre Fusil acompaña diferentes acontecimientos
del pueblo con canciones que condenan metafóricamente los errores de los
hombres. Es como una especie de juez de paz, conocida por denunciar
infidelidades o abusos físicos contra mujeres. Será un gran apoyo para Leila en su
lucha por canalizar el agua.
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Fátima es la madre de Sami. Una mujer dura, que quiere mantener la tradición, las
costumbres y el orden patriarcal de la aldea. No acepta a Leila, considera que ha
traído la desgracia a su casa y a la comunidad. Además siente que Leila le ha
arrebatado a sus hombres: Hussein y Sami.
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Los hombres del pueblo pasan el día de forma ociosa, bebiendo té, consideran que
las mujeres son las que tienen cuidar la casa, criar a los hijos, ir a por el agua a la
montaña… y gratificar al marido en las obligaciones conyugales.
Con los campos áridos y sin otra forma de empleo, aquella aldea medioriental solo
subsistía gracias a las donaciones caritativas de los turistas. Sin embargo, los
hombres, amparados por las tradiciones y por una lectura tendenciosa del Corán,
no habían buscado otras labores que realizar, mientras que las mujeres debían,
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