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Mundo Desconocido: El Necronomicon

Dunwich Horror). Los temas que se repiten en el panorama de los sueños Cthulhu incluyen (escogidos al
azar) densa maleza, entradas abiertas a cuevas, colas en distensión y caras que son "meros conos blancos que
se estrechan hasta ser un tentáculo de sangre roja"; esto sin hablar (Lovecraft lo hace habitualmente) de
aquellas muchas "inmencionables" y blasfemas cosas que "podrían convertir a cualquier hombre en un Dante
o un Poe si pudiese mantenerse cuerdo el tiempo suficiente para poder contar lo que había visto". Muchos de
los que se tropezaban con esas cosas ("su efecto era más el de una sugestión que el de una revelación") no se
mantenían cuerdos mucho tiempo. Otros volvían a la facultad de Miskatonic para ser tratados en el futuro
como "folkloristas desagradablemente eruditos" y, presumiblemente, como Dantes frustrados. Los
seguidores de Jung podrían considerar como temas centrales los mitos-sueños Cthulhu, por un lado el punto
de vista de Lovecraft, expresado a menudo, de que la consciencia humana vive, afortunadamente, en "una
plácida isla de nebulosos mares negros de infinitud" (los motivos clave que ilustran estos temas podrían
incluir la Oscuridad, los Cataclismos, los Animales Inspiradores de Temor y los lenguajes Incomprensibles).
Por otro lado sus diversas versiones de "La Caída" (la expulsión del Edén del Satán de Milton o la expulsión
desde el cielo uterino al abismo terrestre, motivos clave que quizá incluyen la fascinación por "la negrura sin
reflejos del abismo" de Dunsany, y por el arrastre, deslizamiento, caída o corrimiento hasta el interior del
Mar Subterráneo, la Cueva o la "sucia espuma" sin nombre). Los iconos específicos pueden constituir
igualmente sustanciosos objetos de estudio. Citando también al azar: libros y museos (recuerdos), criaturas
octópodas (madre posesiva), monstruos comedores de hombres (la insaciable hambre del niño) y cosas
gigantes (los adultos vistos por los niños). A diferencia de la Criatura de Frankenstein, del Lord Ruthven de
Polidori, de la manifestación externa de la "Bestia en el Hombre" de Stevenson y del Drácula de Stoker, los
monstruos de ojos saltones, representativos de los Dioses Mayores, nunca pueden ser destruidos. Como
mucho, pueden ser temporalmente sometidos o reprimidos. Pero están siempre ahí, en el Exterior, al acecho.
En este rechazo del universo de la moralidad tradicional que son los relatos de horror reside una de las
claves, quizá, del perdurable atractivo de Lovecraft.
Pero Lovecraft prefirió interpretar sus sueños y pesadillas en términos dramatúrgicos, como el producto de
un repudio del papel que, creía, le había sido atribuido por la sociedad contemporánea. Sus sueños-tema, tan
apropiados para expresarlos en la arcaica prosa gótica, habría que encontrarlos en la literatura del siglo XIX.
Debido a esto, en Marzo de 1929 escribió: "mi escritura pronto se hizo distorsionada, hasta que, por fin,
escribir sólo fue un medio de recrear a mi alrededor la atmósfera de mis favoritos del siglo XVIII... todo
sucumbió a mi único e intenso propósito de pensar y soñar retro-trayéndome a aquel mundo de pelucas y
casacas que, por alguna extraña razón, me parecía el mundo normal. Así, fui conformando un hábito de
imitación que nunca he podido sacudirme del todo. incluso cuando pretendo escapar de él sólo es,
generalmente, a costa de imitar cualquier otra cosa. Ahí están mis fragmentos «Poe» y mis fragmentos
«Dunsany», pero ¡ay de mí!, ¿dónde están mis fragmentos Lovecraft?". Cuando expresaba su aversión por
los "asiáticos de ojos pequeños y cara de rata", o por los "viejos levitas ruidosos", decía estar demostrando
cuánto le desagradaba lo que habían hecho los inmigrantes con los antiguos distritos de Nueva Inglaterra que
él tanto amaba. Probablemente, su esposa no fue, al principio, culpable de esto. Pero cuando ella propuso
comprar una casa grande en Providente y para levantar la economía familiar quiso emplear parte de la casa
"para mi propia empresa comercial" (su objeto era cubrir gastos), fue "amable pero firmemente informada"
por sus pochas tías que "ni ellas ni su sobrino podían permitir tener trabajando en Providence aula esposa de
Howard para vivir". El proyecto, naturalmente, no se llevó a cabo y el matrimonio se rompió. La sucesión de
los mundos soñados por Lovecraft (patricio en la antigua Roma, guerrero vikingo, terrateniente inglés del
siglo XVIII, aristócrata de Nueva Inglaterra, los Mitos Cthulhu} pueden interpretarse en términos similares y
sus cartas lo dejan perfectamente claro. Aunque Lovecraft gustaba de presentar una imagen de "erudito
anticuario", estos mundos de sueño no se basaban en una extensiva lectura ni en un profundo estudio de las
fuentes históricas primarias. A menudo los experimentaba in situ y sus ensoñaciones eran estimuladas por
"impresiones" románticas del ambiente: "Jamestown es uno de los estímulos más poderosamente
imaginativos que nunca he recibido. Pisar el suelo desde el que los caballeros aventureros isabelinos se
abrieron camino para la colonización del mundo del Oeste causa un escalofrío que ninguna otra cosa puede
producir". Cuando escribió un relate en colaboración con alguien que realmente había hecho un estudio
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