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Mundo Desconocido: El Necronomicon

excesiva a la Nouvelle Héloise de Rousseau. Más avanzado el siglo, durante e! resurgimiento del gótico, el
Dr. Jekyll y Mr. Hyde (la versión original completa) fue el producto de una serie de pesadillas
tuberculoideas, y Bram Stoker empezó a escribir Drácula después de haber comido la noche anterior un
exceso de ensalada de cangrejos con las habituales y temibles consecuencias.
Lovecraft se mostró muy crítico con todos estos autores. Horace Walpole era "un inglés enérgico y
mundano" para el cual el misterio era ."una diversión de aficionado". La escuela Radcliffe era un "bonito
juego para el periodista" y sus obras se basaban en unas "geografía e historia erróneas". El Frankenstein de
Mary Shelley era "algo teñido de didacticismo moral". Robert Louis Stevenson tenía una "tendencia atroz
hacia la desenvoltura manierista" y sus obras "se especializaban más en sucesos que en detalles atmosféricos
y se dirigían más al intelecto que a la imaginación impresionística". Es por esto que a los ojos de Lovecraft
aparecía como una especie de "producto diluido" comparado con la "pura pesadilla artística"; y en el caso de
las novelas de Bram Stoker, "una pobre técnica perjudica su efecto". Pero los sueños de Lovecraft, así como
la vida y ficción que basaba en ellos, tenían pocos puntos de comparación con los escritores de las fantasías
góticas. Las pesadillas de Lovecraft no estaban, ciertamente, estimuladas ni por una exquisita alimentación
ni por una vida de alto nivel. Como deseó mantener una imagen pública de aristócrata, erudito, anticuario y,
sobre todo, amateur (un caballero, no un jugador), no hizo esfuerzo alguno para apaciguar a los "editores
guiados por el espíritu de la codicia", mandándoles de nuevo las narraciones rechazadas, o convirtiendo sus
ilegibles garabatos en escritos mecanografiados. En lugar de esto, prefería, y con orgullo, "arreglárselas con
la pequeña cantidad de 1,75 dólares a la semana comprando guisantes, espagueti en latas o galletas en cajas".
La mayor parte de su tiempo lo empleaba escribiendo para otros o revisando totalmente narraciones que,
basadas a menudo en sus propias ideas, otros habían escrito; no puede, pues, asociársele públicamente a
acciones sucias, Tampoco sus sueños estuvieron estimulados por alucinógenos ni malas vibraciones en
compañía de competidores sensibles; la consideración de Lovecraft por Poe no se extendió al deseo de tener
experiencias en el opio, o a entregarse – a cualquier nivel – a aventuras sexuales poco ortodoxas. Por otra
parte, nunca tuvo con los escritores de su misma opinión una relación ni lo bastante sostenida ni lo bastante
estable para que degenerara en tensión. Sus pesadillas no fueron inducidas; no apuntaló su desmanejada
imaginación con el fin de publicar obras. De hecho, cuando los editores rechazaron sus relatos basados en
sueños, él siempre tuvo la constante sospecha de que habían tomado la decisión más adecuada (después de
todo sus sueños no eran para el consumo público). Y del mismo modo que los hechos cósmicos descritos en
At the Mountain of Madness (los cuales serán a la biología lo que Einstein fue a las matemáticas y a la
física) sólo se citan en el Arkham Advertiser, en "un boletín oficial de la Universidad Miskatonic", así
Lovecraft era tan feliz publicando su obra en folletines de aficionados como viéndola aceptada por
Farnsworth Wright, el impredecible editor de Weird Tales. Poco después de haber sido aceptada su primera
narración por aquella revista, escribió: "Estoy casi decidido a no escribir más narraciones, sino simplemente
a soñar cuando lo desee, y no pararme a hacer algo tan vulgar como escribir los sueños para el cochino
público". En 1924, antes del régimen de Wright, se había ofrecido a Lovecraft (entonces de veinticuatro
años) la dirección de Weird Tales; fue, en su vida, un raro ejemplo de reconocimiento fuera del "círculo".
Pero rehusó poniendo como excusa su imagen pública. "Apenas puedo contemplar esto sin un escalofrío.
Pienso en la tragedia que un cambio así (hacia Chicago) sería para un viejo anticuario que hubiese empezado
a disfrutar las reliquias de New Amsterdam". En ambas ocasiones, cuando estaba al borde del éxito,
Lovecraft retrocedió al "anticuarismo" del siglo XVIII, expresando sus sentimientos en arcaica prosa gótica.
Para mantener su línea de producción no necesitaba opíparas comidas ni drogas, ni sesiones de lectura hasta
altas horas de la noche, ni visitas a ruinas y lugares perdidos. Hasta la edad de treinta años, Lovecraft nunca
había estado ni una sola noche separado de sus chochas tías. Todo cuanto tenía que hacer era levantarse por
la mañana. Seguramente corría todas las cortinas, encendía las luces e imaginaba que había estado
trabajando toda la noche. Evidentemente, para los seguidores de Freud, Jones y Jung, las pesadillas de
Lovecraft, al igual que las de Fuseli, podrían ser un festín. Lovecraft declaraba despreciar el "pueril
simbolismo" de Freud, quizá porque le asustaba afrontarlo. Y con razón. De las dos mujeres que juegan un
papel importante en las narraciones de Lovecraft, una de ellas es un ama de casa vampírica (The Thing in the
Doorstep), mientras que la otra es "una mujer albina de 35 años, algo deformada y sin atractivo" (The
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