Al Azif Necronomicon [espanol argentina].pdf
Vista previa de texto
Mundo Desconocido: El Necronomicon
por ejemplo, al Archiduque Rodolfo de Austria, que se suicidó con su amante en Mayerling, y al
cantante de rock Elvis Presley, que murió de un ataque al corazón a los cuarenta y dos años. Los dos
pertenecieron de forma natural a la minoría dominante, y se vieron privados de su propia expresión por
una serie de circunstancias fuera de lo común: el Archiduque Rodolfo por ser hijo del Emperador
Francisco José de Austria, y Elvis Presley por el inmenso éxito que lo convirtió en prisionero de su
propia mansión.
Volvamos ahora a la biografía de Sprague de Camp sobre Lovecraft o a la del propio Derleth H.P.L. A
Memoir, y consideremos la carrera del "recluso de Providence". Providence es un lugar bastante
agradable, con sus casas revestidas de madera y calles flanqueadas por árboles. Pero en 1890, cuando
H.P.L. nació, debía haber sido la más provinciana de las ciudades provincianas. Shaw una vez describió
el Dublín de su niñez como "aquel infierno de mezquindad" pero, por lo menos, era una capital llena de
actores, artistas y literatos. En comparación, Providence debe haber parecido tan remota como un pueblo
en mitad de la Antártida. Esto significa que desde el momento en que empezó a hablar hasta que llegó a
la edad de veintiún años, Lovecraft nunca frecuentó o habló con nadie cuya mente no fuese
completamente vulgar. Su padre murió loco, probablemente de sífilis, cuando él tenía ocho años. El
mismo Howard sólo era un niño nervioso y delicado, infinitamente mimado por su madre. La relación
con ella podría llamarse proustiana, y es sorprendente que consiguiera evitar convertirse en homosexual.
Lovecraft era un lector obsesivo que pasó los primeros veintiún años de su vida en una biblioteca. Y
aquí, supongo, puedo al menos invocar una similitud de circunstancias, ya que también nací en una
ciudad de provincias y estropeé mis ojos a la edad de doce años leyendo durante diez horas al día. Aún
puedo recordar con toda claridad aquella extraña sensación de desconexión con el mundo real, la
sensación de que la vida es una especie de sueño o ilusión. Para la mente juvenil que se ha nutrido con
ellos, los libros parecen convertir de alguna manera en superfluos los acontecimientos reales, como si
fuesen una imitación de una realidad más apasionante. Y el contacto con el mundo cotidiano sólo
produce resentimientos, de ahí la creencia de Axel de que la vida debería ser vivida por nuestros criados.
Pero la realidad se niega a tolerar a los soñadores románticos: parece complacerse en zarandearlos hasta
que sus dientes rechinan. Y esto es el motivo que el rechazo que del mundo del romántico se convierta
en un furioso resentimiento. Sospecho que algunos de los románticos del siglo XIX se suicidaron a causa
del resentimiento, de un deseo de "devolver a Dios su tiquet de entrada". Pero el rechazo de Lovecraft
nunca fue tan sano como el de Nietzsche o Dostoievski. Para agitar el puño ante Dios, como el Manfred
de Byron, es necesaria una cierta confianza en uno mismo que proviene de una buena salud física y de un
convencimiento de superioridad. Pero la salud de Lovecraft era pobre: estuvo semanas enteras en un
estado de "fatiga y letargo mortales" durante los cuales "el gran esfuerzo de incorporarme es
insoportable". "Sólo estoy medio vivo, una gran parte de mi energía se consume en incorporarme o
andar. Mi sistema nervioso es una ruina hecha pedazos y estoy totalmente aburrido y decaído, excepto
cuando encuentro algo que me interese particularmente". A Lovecraft no solamente le faltaba la
confianza que proviene de la salud: también le faltaba la confianza que se deriva de la posición social y
la buena educación. Su salud, y quizá su desagrado por el estudio organizado, le impidió asistir a la
Universidad Brown.
Peor aún, le faltaba alguien a quien admirar entre sus contemporáneos. La América de los años próximos
a 1910 era algo así como un desierto cultural. ¿Quién lee actualmente a Ellen Glasgow, a Edith Warton o
a William Dean Howells? ¿O incluso a H.L. Mencken? En Inglaterra había la generación de Shaw, Wells
y Chesterton, que era de esperar que no gustasen a Lovecraft. Prefería a Poe, a Arthur Machen y, más
tarde, a Lord Dunsay. Pero ninguno de los tres era realmente bastante bueno para ser imitado. Lo peor de
Poe es embarazosamente malo, e incluso lo mejor es demasiado prolijo. Y un escritor joven necesita de
modo apremiante a alguien a quien admirar e imitar, ya que está aprendiendo a crear su propio estilo. En
su forma de escapar del estado de crisálida de la adolescencia. Lovecraft imitó a Poe, pero era lo
suficientemente buen crítico para saber que el resultado era insípidamente malo. "St. John es un cadáver
9
