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estos y sólo estos, pueden dar luz sobre el nacimiento y caída de las naciones, sobre el progreso
racial y la degeneración nacional.
B) Más frecuente que la posición anterior es la que, colocándose en sus antípodas y extremando
igualmente sus tesis, sostiene que todo el desarrollo de la personalidad, viene condicionado por las
circunstancias sociales entre las cuales se efectúa. Según J. Mill, toda la diferencia existente, o
que pueda llegar a existir, entre una clase de hombres y otra, se debe enteramente a la educación.
En esas mismas ideas abunda el sociologicismo. Sus fundadores Durkheim y Nartop afirmaron
que, si bien la naturaleza nos hace individuos, sólo la sociedad nos hace personas, ya que
exclusivamente de la sociedad recibe el individuo todo lo que constituye su mundo espiritual:
lenguaje, sentimientos, cultura, religión, arte, etc. Llamando educación, de un modo global, a todo
ese bagaje con el que la sociedad (de forma impositiva) equipa a sus nuevos miembros y así los
socializa, nos sale la conocida frase idéntica en ambos autores de que el hombre es hombre sólo
porque vive en sociedad y es educado en ella.
La Sociología insiste en que la personalidad así definida no es innata, sino adquirida o lograda con
el tiempo está determinada por el poder condicionante de la herencia cultural y por los modelos
sociales de comportamiento que los grupos crean, aprueban, defienden y transmiten a la siguiente
generación. Así el sociólogo ve la personalidad como un reflejo de las situaciones sociales en
medio de las cuales el individuo se ha formado y ante las cuales reacciona. El self, la esencia
personal (el sí mismo, el Yo), es un espejo social.
C) Cuando dos soluciones extremas se oponen y excluyen entre sí cabe la sospecha fundada de
que ambas contengan parte de verdad, con lo cual la solución auténtica sería la que trate de
conciliar ambos extremos, adoptando una postura de término medio que intente explicar el
fenómeno a partir de los dos principios antinómicos propuestos en aquella tesis. Tal ocurre cuando,
constatados los determinantes biológicos de la personalidad por su lado y condicionantes sociales
por otro, concluimos que ambos deben de actuar a la vez, aunque sea en proporciones diversas. El
carácter complejo de los fenómenos vitales nos invita también a esta solución.
En suma, como dice A.K.C. Ottaway, hay siempre una interacción entre factores innatos y
culturales, y cualquier determinismo total es improbable. La antigua oposición entre naturaleza y
educación (nature y nurture) es un error, puesto que ambas son necesarias y están en inevitable
interacción.
Cuadro 2.1. Enfoques sobre la relación entre cultura y naturaleza

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