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Miguel, lo recitó en voz alta, con voz firme, y una sensación de entusiasmo recorrió
la sala. Juan, que se encontraba sentado en un cojín con un León dibujado, susurró,
-

Maestro, ¿qué vamos a hacer ahora?

-

Hoy vamos a escuchar a nuestra mente, vamos a escucharla, y vamos a dejar
que se canse, luego nos escucharemos a nosotros, a nuestro corazón, y vamos a
ver, vamos a ver que desea, para luego convertir ese deseo en realidad.

-

¡Dinero! Exclamaron algunos, ¡juguetes, muchos juguetes! Yo quiero un coche
nuevo para mi papá, y yo una casa en la playa, una casa no, una mansión!!

Miguel, guardaba silencio, estaba mirando a todos los niños allí sentados en los cojines,
todos de diferentes formas y colores. Poco a poco las voces fueron callando, y un
silencio abrumador entornó toda la sala, nadie hablaba, nadie se movió, durante un
tiempo.
El silencio dio paso a escuchar el murmullo que venía del patio, el recreo estaba a
punto de acabar, de repente sonó la sirena que lo anunciaba y un enorme alboroto se
sintió desde dentro de la sala, algunos niños se sorprendieron de aquel ruido que venía
de fuera, pero que no enturbió su tranquilidad.
Miguel se levantó, y de forma suave habló al oído de Juan y dijo:
-

Veis, antes de escuchar a vuestro corazón, hay que dejar que todo lo demás se
agote, vuestra mente piensa, habla, transmite, desea, ordena y quiere, pero
quien realmente es capaz de transmitir vuestros mejores pensamientos, es
vuestro corazón. Así que esta noche cuando os acostéis, pedidle a vuestro
corazón que os diga qué desea, y mañana nos veremos aquí de nuevo para
hablar de lo que os ha dicho.

Lentamente, como sin querer hacerlo todos se levantaron, y se dirigieron a sus clases,
dedicándole una última mirada a Miguel, compasivos, contemplativos, sin saber bien
que había pasado.
Miguel no dijo nada más, se quedó allí sentado, con su sonrisa en el rostro. Sólo
cuando salió Juan y volvió su mirada, él le saludó con la mano y le dijo:
-

Hasta mañana Juan.

Juan agachó la cabeza y sin decir nada se marchó a su clase. Pensó que le tocaba clase
de matemáticas, y ese no era precisamente su fuerte.