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«NUEVAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS INTENTOS DE REPRESENTACIÓN DE TIC-TAC,
DE CLAUDIO DE LA TORRE EN PARÍS: LOS BOCETOS INÉDITOS DE SALVADOR DALÍ
Y OTRAS COSAS »

En lo que respecta a los colores empleados, destacan especialmente el
rojo, el blanco y el negro, que el joven Dalí usaría durante este período de
alrededor de 1927. No volvería a utilizarlos después con tanto protagonismo
y de la misma manera. Un uso similar de este tipo de texturas y tonos en los
bocetos escenográficos, sobre todo, en el tercero de ellos, se puede observar
en obras como Taula devant el mar (posteriormente Homenaje a Erik Satie,
1926), Naturaleza muerta al claro de luna malva (1926), Natura morta
«Invitació a la son» (1926), La maniquí de Barcelona (1926), Pez y balcón
(Naturaleza muerta al claro de luna, 1926), Autorretrato desdoblado en tres
(1927), Arlequín (1927) o Aparato y mano (1927). Se puede ver que,
todavía, las figuras humanas se encuentran agarradas al suelo en el tercero
de los bocetos, pero existen fluidos de color blanco que le dan una
dimensión etérea a la obra. Esto último podría ayudar a señalar otra
hipótesis, respecto al momento pictórico en el que se encuentra Dalí. Si
bien, en el uso de los tonos citados podría recordar a algunas de sus obras de
1926 y de 1927, sí que se nota el «influjo mironiano» que llegó a indicar
Rafael Santos Torroella, en un comentario suyo, en la última de las obras
citadas, Aparato y mano,
en la manera de agregar muchos de los pormenores aislados que en la
composición intervienen, a la cual podría aplicarse lo que, en la terminología
«d’orsiana», recibe el nombre de «emulsión», esto es, una suma de
ingredientes sin amalgamiento, discontinuos y como flotantes, a semejanza
de lo que Miró hiciera, por ejemplo, en El carnaval del arlequín.[Santos
Torroella, 2005: 334].

La mayoría de las veces todo ello se concreta en los bocetos, en la
disposición de objetos reconocibles. Por otra parte, es lógico, los decorados
poseen una misión fundamental y precisa en la obra, y Dalí presenta este
influjo de diversa manera, pero justificadamente. En el primer caso, se
concreta en la parte superior, y es que todo el alumbrado se encuentra como
flotando en el aire, pero, al mismo tiempo, cualquier espectador sabe que
con la lejanía se ve así, es un efecto óptico. En el segundo caso, esos
elementos discontinuos y como flotantes se materializan, sobre todo, en los

Anagnórisis

Número 10, diciembre de 2014
B-16254-2011 ISSN 2013-6986