El DÃa de Zamora Viernes 17 Octubre 2014.pdf

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Semana del 17 al 23 de octubre de 2014
Denuncias
MÁS HECHOS INEXPLICABLES QUE ESCAPAN A LA RAZÓN CIUDADANA
Calles que callan, calle... de quién sabe
Historia surrealista, una más, la de las placas de las rúas zamoranas, relato del carácter de la ciudad
POR MANUEL HERRERO
R. GRÁFICO: M.H.A.
Observando, pues todo atrae su
curiosidad, uno de los turistas fijó
la mirada en el letrero de una calle. Por alguna circunstancia, le
llamó la atención el nombre grabado en la placa y se lo hizo saber
al resto del grupo. No tardaron en
tomar fotografías, haciendo comentarios del honor que esta ciudad dio a una persona, que parecía interesarles. Estupendo que
lleven, a su lugar de residencia, esa
imagen. Lástima del estado en que
se encontraba la placa. Pintado, y
con reborde en cada esquina, figuraba el nombre de cada calle. Fachadas que lo llevaban tatuado y
bien que valió para otros tiempos.
Sirva recordarlo como pequeño
homenaje a aquellos pintores que,
subidos a una escalera, hicieron
gala de su pulso y talento, poniendo una letra tras otra. En algunos
letreros pintados, que aún se conservan, sigue su mérito a la vista.
Con las nuevas construcciones
o con las simples reparaciones de
las fachadas, iban despareciendo
los indicadores, por lo que cada
vez había más calles sin apelativo.
Un cambio general de los nombres
de bastantes calles exigió que hubiera que poner placas con la modificación. Ya de puestos, se hizo
para toda la ciudad, por aquello de
conseguir cierta uniformidad.
Chapas azules que acabaron en todas las esquinas.
El modelo no resultó muy
convincente, ni duradero. Unas
placas, de simple blancura, vinieron a sustituir a las anteriores azules. Nuevas chapas rectangulares,
muy sencillas, pero con un defecto: El escudo que exhibían no era
el de la ciudad, sino un sucedáneo
que alguien, poco conocedor de lo
nuestro, dio por bueno. La chapuza era excesivamente evidente. La
enmienda de colocar una pegatina
sobre el símbolo improcedente no
daba buen resultado. Y, aprovechando las circunstancias, nada
mejor para tapar el defecto que
sustituir de nuevo las placas por
otras muy parecidas, que se colocaron en el casco antiguo. Blancas,
un poco más alargadas y con el
detalle de marco negro.
Desde un despacho, se toma la
decisión de sustituir unas placas
por otras. El cambiazo tuvo sus fallos, aunque parecía que era sencillo: colocarlas donde no las había
y sustituirlas donde ya estaban.
Por increíble que parezca que
esta simple renovación pueda hacerse mal, se hizo. Se colocaron
chapas nuevas, justo al lado de las
que ya había y sin retirarlas, consiguiendo que, en alguna esquina,
luzcan dos placas, una justo al lado de la otra. Mal, y peor cuando
hay diferencias en los nombres,
con olvidos o añadidos, generalmente artículos, según coincida.
Puede que alguien recuerde
que la plaza de Santo Tomé, como la iglesia que le dio nombre,
pasó a ser de un tal Santo Tomás,
sin arte de magia y sin que nadie
lo advirtiera.
Desde aquella última colocación han pasado muchos años. Bien
por obras en fachadas o por simples
desprendimientos, han desaparecido algunas placas, por lo que convendría que, puntualmente, y en los
casos que faltan, se repusieran, para
dejar de tener calles anónimas.
Seis imágenes de cómo nuestras placas lucen su presencia o ausencia
el kiosco
Golosinas, Frutos Secos, Helados, Pan ...
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