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Importancia de la lectura
U
na tarea fundamental de la escuela, aunque no sólo de ella, es
contribuir a la formación de niños que lean con interés diversos
tipos de texto, que comprendan y reflexionen
acerca de lo que leen y que desarrollen paulatinamente su gusto estético.
La formación de lectores asiduos, creativos
y reflexivos se construye en diferentes ámbitos (como la familia, la escuela y la biblioteca),
siempre que existan actitudes y actividades
propicias para una lectura significativa. Si bien
no hay recetas para el fomento a la lectura,
mencionaremos a continuación algunas propuestas para favorecer la formación de alumnos lectores en el aula multigrado.
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Propuesta Educativa
Multigrado 2005
Lectura en voz alta por el maestro
D
icen que de la vista nace el amor,
pero muchos maestros han comprobado que también del oído
nace el amor… por los libros.
En efecto, si los profesores leen con interés,
entusiasmo y de manera frecuente a los niños,
favorecerán en ellos el gusto por la lectura, lo
cual se verá reflejado en una constante demanda de los alumnos por dicha actividad y la
reiterada solicitud para recibir en préstamo el
libro leído.
A la lectura en voz alta se le puede destinar
un tiempo constante, ya sea antes de iniciar
la clase, después del recreo o antes de ir a
casa. Conviene iniciar con textos literarios:
cuentos, leyendas, adivinanzas y trabalenguas.
Esta actividad da al maestro la oportunidad de
iniciar el trabajo con sus alumnos de manera
grupal, permitiendo después realizar actividades diferenciadas por ciclos o grados.
La lectura en voz alta puede tener variantes,
por ejemplo: la lectura en episodios, cambiar
el final por el maestro o los niños o combinarlos con estrategias de lectura. Es muy frecuen-
te que, después de haber escuchado la lectura
de un texto, los alumnos lo soliciten.
Algunas sugerencias para la lectura en voz
alta son: seleccionar previamente el texto, a
fin de conocerlo y adentrarnos en su contenido; si nos fascina, es muy probable que también sea interesante para los alumnos. Asimismo se requiere una entonación adecuada
al texto, matizando según convenga: despacio si hay suspenso, elevando la voz si el texto
lo pide, o apoyándonos en nuestro cuerpo y
nuestros gestos del rostro para dar mayor
énfasis a las ideas que leemos, pero sin exagerar. Es importante sentir la lectura y, sobre
todo, dar vida al texto y contagiarlo a los
alumnos.
Cuando el texto lo facilite, hagamos participar a los niños de él, ya sea haciéndoles experimentar como si ellos fueran los personajes o
deteniéndonos en algún punto clave para preguntarles: ¿ahora qué pasará?; si fueras tú, ¿qué
harías a continuación? Se sugiere mostrar las
ilustraciones y que los niños anticipen el contenido del texto.
