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Las escuelas multigrado
y la educación intercultural
S
e pretende que el enfoque intercultural constituya uno de los ejes del
trabajo docente en todos los niveles
y modalidades educativas de nuestro
país, a fin de promover en niños y maestros la
valoración y respeto entre las diversas culturas
y maneras de ver el mundo, para enriquecerse
con ellas. Es necesario dejar de pensar en la
interculturalidad como un asunto que compete sólo a las comunidades indígenas, porque
en muchos sentidos el término se ha asociado
directamente a ellas; pero en realidad es una
filosofía que debe orientar la convivencia con
personas de todas las edades, procedencia,
estatus, creencias religiosas, etcétera. Por ello,
en el aula multigrado, como en cualquier otro
contexto, se debe impulsar una educación con
enfoque intercultural.
Los apartados siguientes buscan aportar al docente multigrado reflexiones e ideas para desarrollar este enfoque en su trabajo cotidiano.
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Propuesta Educativa
Multigrado 2005
Antecedentes
L
as modificaciones y cambios constantes que se presentan en la sociedad y la forma como se interpretan
los conceptos de diversidad, cultura
y educación en la mayoría de los países están
vinculados de diversas maneras con los procesos de globalización; por tanto, provienen
de recomendaciones de organismos internacionales, de condicionamientos respecto a las
políticas sociales y educativas, de premisas de
una nueva ética global que trata de revertir los
efectos de la exclusión y los conflictos, mediante la promoción de valores y actitudes
que propicien mayor solidaridad, respeto y
tolerancia entre regiones del mundo, países,
pueblos, grupos e individuos.
Respecto a los procesos de reforma educativa, importa destacar que la mayoría de los
países han reconocido el carácter multicultural de las sociedades y han plasmado esa concepción en la formulación de su marco legal,
general y educativo.
En este sentido es conveniente citar una
de las fuentes más relevantes: la conferencia
mundial “Educación para todos”, realizada en
Jomtien, Tailandia, en 1990, cuya premisa central fue el reconocimiento del derecho de
toda persona (niño/niña, joven o adulto) a satisfacer sus necesidades básicas de aprendizaje, que comprenden no sólo el dominio de la
lectura, el manejo de operaciones aritméticas
y la competencia para la resolución de problemas, sino también actitudes, valores y capacidades para buscar e interpretar información,
así como para manifestar responsabilidad social, solidaridad y respeto.
Tales dimensiones formativas son indispensables no sólo para desarrollar sus potencialidades, sino también para vivir y trabajar con
dignidad con el fin de participar plenamente
en el desarrollo; sin embargo, en cada país
la forma de satisfacer las necesidades básicas de aprendizaje varía de acuerdo con su
cultura.
