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Huye de Jezabel. Cuando se informa a la reina Jezabel de la muerte de los profetas de Baal, jura
que matará a Elías. Este, temeroso, huye a unos 150 Km. al SO., a Beer-seba, situada al O. del
extremo meridional del mar Muerto. (MAPA, vol. 1, pág. 949.) Allí deja a su servidor, se adentra más
en el desierto y pide en oración morir. En este lugar se le aparece el ángel de Jehová a fin de
prepararle para un largo viaje a Horeb, la “montaña del Dios verdadero”. Lo que come entonces le
provee sustento para el viaje de cuarenta días, en el que recorre una distancia de unos 300 Km. En
Horeb Jehová le habla después de una demostración imponente de su poder —viento, terremoto y
fuego—. Sin embargo, Jehová no está en estas manifestaciones, Él no es la naturaleza deificada ni
la personificación de fuerzas naturales, sino que estas fuerzas naturales son meras expresiones de
su fuerza activa, y no Jehová mismo. El Todopoderoso le muestra a Elías que todavía le queda
trabajo por hacer como profeta. Corrige la idea de Elías de que es el único adorador del Dios
verdadero en Israel diciéndole que hay 7.000 que no se han inclinado ante Baal. A continuación, le
envía de nuevo a su asignación, nombrando a tres personas que han de ser ungidas o comisionadas
para hacer un trabajo para Jehová: Hazael, como rey de Siria; Jehú, como rey de Israel; y Eliseo,
como su propio sucesor. (1Re 19:1-18.)
Nombra a Eliseo como sucesor. A continuación, Elías viaja hacia la ciudad natal de Eliseo, Abelmeholá, y lo halla arando un campo. Elías echa su prenda oficial sobre él, indicando de este modo
su nombramiento o ungimiento. Desde ese día Eliseo le sigue sin cesar como su sirviente, y
permanece con él cuando de nuevo ha de profetizar contra Acab. El codicioso rey, adorador de Baal,
se había apoderado ilícitamente de una viña que era posesión hereditaria de Nabot el jezreelita,
permitiendo que su esposa Jezabel tramase su asesinato mediante falsos cargos, falsos testigos y
jueces injustos. De modo que Elías se encuentra con Acab en la viña y le dice que los perros lamerán
su sangre en el mismo lugar donde lamieron la de Nabot, anunciando también una suerte similar
para Jezabel. (1Re 19:19; 21:1-26.)
Unos tres años más tarde muere Acab en una batalla; lavan su carro de guerra cerca del estanque
de Samaria y los perros lamen su sangre. Sin embargo, la ejecución de Jezabel no acontece hasta
unos quince años después. A Acab le sucede su hijo Ocozías. Este rey sigue en los inicuos pasos
de su padre, puesto que cuando resulta herido en un accidente, se dirige al dios falso Baal-zebub,
dios de Eqrón, para preguntar acerca del resultado de su enfermedad. Elías le transmite la palabra
de Jehová: debido a su proceder, no cabe duda de que morirá. Cuando Ocozías envía tres grupos
sucesivamente para buscar a Elías, cada uno compuesto de un jefe con cincuenta hombres, el
profeta pide que baje fuego del cielo y aniquile a los primeros dos grupos, pero debido a la súplica
del tercer jefe, vuelve con él para pronunciar en persona el juicio contra Ocozías. (1Re 22:1, 37, 38;
2Re 1:1-17.)
Eliseo le sucede. Llega el tiempo en que Elías tiene que transferir su manto oficial de profeta a
Eliseo, quien ya estaba bien preparado y había sido nombrado años antes. Todo esto sucede durante
el reinado de Jehoram de Israel, sucesor de su hermano Ocozías. Para ese entonces, Elías va a
Betel, de allí a Jericó y luego baja hacia el Jordán, acompañado durante todo el camino por Eliseo.
Llegado este momento, Eliseo es recompensado por su fidelidad al ver un carro de guerra de fuego,
caballos de fuego y a Elías ascendiendo a los cielos en una tempestad de viento. Eliseo recoge la
vestidura oficial que se le había caído a Elías, y vienen sobre él “dos partes” (como la porción de un
hijo primogénito) del espíritu de Elías, un espíritu de valor y de estar “absolutamente celoso por
Jehová el Dios de los ejércitos”. (2Re 2:1-13; 1Re 19:10, 14; compárese con Dt 21:17.)
Elías no murió en esta ocasión, ni tampoco fue a una región espiritual invisible, sino que se le
transfirió a otra asignación profética (Jn 3:13); prueba de ello es que Eliseo no guardó ningún período
de duelo por su maestro. Unos cuantos años después de su ascensión en la tempestad de viento,
Elías todavía estaba vivo y activo como profeta, en esta ocasión profetizando contra el rey de Judá.
Debido al inicuo derrotero emprendido por el rey Jehoram de Judá, Elías le escribió una carta en la
que expresaba la condenación de Jehová, condenación que se cumplió poco tiempo después. (2Cr
21:12-15; véase CIELO [Ascensión al cielo].)
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