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apóstol Juan hasta trató de adorar a un ángel, pero se le reprendió dos veces: “¡Ten cuidado! ¡No
hagas eso! [...] Adora a Dios”. (Rev 19:10; 22:8, 9.)
Como seres inteligentes, los ángeles pueden comunicarse unos con otros (1Co 13:1), hablar
diversos idiomas humanos (Nú 22:32-35; Da 4:23; Hch 10:3-7) y glorificar y alabar a Jehová. (Sl
148:2; Lu 2:13.) Los ángeles son asexuales porque fueron creados así, no porque sean fuerzas
impersonales. Sin embargo, por lo general se les representa como varones, y al materializarse,
siempre adoptaron forma humana masculina, ya que de Dios y de su Hijo siempre se habla también
en masculino. Cuando en los días de Noé ciertos ángeles materializados se entregaron a los placeres
del sexo, Jehová los expulsó de sus cortes celestiales. Con ese proceder demostraron su
individualidad. Al igual que la humanidad, los ángeles son criaturas con libre albedrío, es decir, con
la facultad de hacer una elección personal entre lo correcto y lo incorrecto. (Gé 6:2, 4; 2Pe 2:4.) El
registro bíblico muestra que hordas de ángeles escogieron voluntariamente unirse a Satanás en su
rebelión. (Rev 12:7-9; Mt 25:41.)
Facultades y privilegios. Puesto que Dios creó al hombre “un poco inferior a los ángeles” (Heb
2:7), se entiende que estos tienen una capacidad mental mayor que la del hombre, y que también
son sobrehumanos en poder. “Bendigan a Jehová, oh ángeles suyos, poderosos en potencia, que
llevan a cabo su palabra.” Su conocimiento y poder se manifestaron cuando dos ángeles provocaron
la destrucción ardiente de Sodoma y Gomorra y en el caso en que un solo ángel mató a 185.000
soldados del ejército asirio. (Sl 103:20; Gé 19:13, 24; 2Re 19:35.)
Los ángeles también pueden desplazarse a grandes velocidades, velocidades muy superiores a
las conocidas en el mundo físico. Por ejemplo, una de las veces en que Daniel estuvo orando, Dios
envió a un ángel para contestar su oración, y este llegó a los pocos instantes, aun antes de que
concluyera la oración. (Da 9:20-23.)
No obstante, a pesar de su superioridad en capacidad mental y poderes espirituales, los ángeles
también tienen ciertas limitaciones. Jesús dijo que no sabían el “día y hora” en que este sistema de
cosas sería barrido. (Mt 24:36.) Aunque se interesan profundamente en el desarrollo de los
propósitos de Jehová, hay algunas cosas que no alcanzan a comprender. (1Pe 1:12.) Se regocijan
por el arrepentimiento de un pecador y observan el “espectáculo teatral” de los cristianos aquí en la
escena del mundo. También observan el ejemplo apropiado que ponen las mujeres cristianas que
usan una señal de autoridad sobre su cabeza. (Lu 15:10; 1Co 4:9; 11:10; véase INMORTALIDAD [A
los herederos del Reino se les otorga inmortalidad].)
Como ministros de Jehová, han disfrutado de muchos privilegios desde tiempos inmemoriales.
Hubo ángeles que ministraron a favor de Abrahán, Jacob, Moisés, Josué, Isaías, Daniel, Zacarías,
Pedro, Pablo y Juan, por mencionar solo unos cuantos. (Gé 22:11; 31:11; Jos 5:14, 15; Isa 6:6, 7;
Da 6:22; Zac 1:9; Hch 5:19, 20; 7:35; 12:7, 8; 27:23, 24; Rev 1:1.) Sus mensajes forman parte del
contenido de la Biblia. En Revelación se menciona a los ángeles muchas más veces que en cualquier
otro libro bíblico. Por ejemplo: se habla de que hay innumerables ángeles alrededor del gran trono
de Jehová; siete tocan las siete trompetas, mientras que otros siete derraman los siete tazones de la
cólera de Dios; un ángel que vuela en medio del cielo tiene “buenas nuevas eternas” y otro proclama
que “Babilonia la Grande ha caído”. (Rev 5:11; 7:11; 8:6; 14:6, 8; 16:1.)
Respaldan la obra de Cristo y sus seguidores. Los santos ángeles de Dios siguieron con sumo
interés la vida terrestre de Jesús de principio a fin. Anunciaron su concepción y nacimiento, y le
ministraron después de su ayuno de cuarenta días. Un ángel lo fortaleció mientras oraba en
Getsemaní en su última noche como ser humano. Cuando la muchedumbre se le acercó para
arrestarle, de haberlo querido, hubiera tenido nada menos que doce legiones de ángeles a sus
órdenes. Además, anunciaron su resurrección y también presenciaron su ascensión al cielo. (Mt 4:11;
26:53; 28:5-7; Lu 1:30, 31; 2:10, 11; 22:43; Hch 1:10, 11.)
Desde entonces en adelante, los mensajeros espíritus de Dios han continuado ministrando a Sus
siervos en la Tierra, tal como Jesús prometió: “No desprecien a uno de estos pequeños; porque les
digo que sus ángeles en el cielo siempre contemplan el rostro de mi Padre”. (Mt 18:10.) “¿No son
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