EMT 2015 (2).pdf

Vista previa de texto
la cámara del techo y escapó a través del respiradero. Cuando los siervos de Eglón por fin abrieron
las puertas, descubrieron que “¡su señor estaba caído en tierra, muerto!”. (Jue 3:15-25.)
Ehúd, que había escapado a la región montañosa de Efraín, formó un ejército de israelitas, y les
dijo: “Síganme, porque Jehová ha dado a sus enemigos, los moabitas, en mano de ustedes”.
Después de capturar los vados del Jordán, los israelitas cortaron la retirada de los moabitas a su
país natal. Estos, sin duda muy desmoralizados por la muerte de su rey, fueron derrotados y
perdieron 10.000 hombres, “cada uno robusto y cada uno hombre valiente; y ni siquiera uno escapó”.
Una vez sojuzgado Moab bajo la mano de Israel y el acaudillamiento de Ehúd, “la tierra no tuvo más
disturbio por ochenta años”. (Jue 3:26-30.)
A Ehúd no se le llamó específicamente “juez”, sino “salvador”. (Jue 3:15.) No obstante, a Otniel
se le llamó “juez” y “salvador”, y este era el período de los jueces (Jue 3:9, 10), por lo que parece
que a Ehúd no solo se le debió de considerar “salvador”, sino también “juez”.
Núm. 3: * ¿Qué significa la palabra amén? (it-1 págs.111, 112)
*** it-1 págs. 111-112 Amén ***
Tanto en español como en griego esta palabra es una transliteración del término hebreo ʼa·mén.
El significado es “así sea; seguro”. La raíz hebrea de la que se deriva (ʼa·mán) significa “fiel;
fidedigno”.
En las Escrituras Hebreas se utiliza “amén” como una expresión solemne para obligarse uno
mismo legalmente a cumplir con un juramento o pacto y asumir sus consecuencias. (Nú 5:22; Dt
27:15-26; Ne 5:13.) Asimismo, se utiliza como expresión solemne de aprobación por lo que se dice
en una oración (1Cr 16:36), por una expresión de alabanza (Ne 8:6) o por un propósito declarado.
(1Re 1:36; Jer 11:5.) Cada uno de los primeros cuatro libros o colecciones de los Salmos concluye
con la palabra amén, lo que tal vez indique que la congregación de Israel acostumbraba a unirse en
un “amén” al finalizar una canción o salmo. (Sl 41:13; 72:19; 89:52; 106:48.)
La palabra hebrea ʼa·mán se aplica a Jehová como el “Dios fiel” (Dt 7:9; Isa 49:7) y define sus
recordatorios y promesas como ‘fidedignos’ y ‘fieles’. (Sl 19:7; 89:28, 37.) En las Escrituras Griegas
Cristianas el título “Amén” se aplica a Cristo Jesús en su papel de “testigo fiel y verdadero”. (Rev
3:14.) Jesús usó esa expresión de manera singular en su predicación y enseñanza, utilizándola muy
a menudo para introducir un hecho establecido, una promesa o una profecía, y recalcando con ella
la absoluta veracidad y confiabilidad de lo que decía. (Mt 5:18; 6:2, 5, 16; 24:34.) En estos casos la
palabra griega (a·mḗn) se traduce “en verdad”, “verdaderamente” (Val, “de cierto”) o, cuando aparece
dos veces seguidas, como sucede en el libro de Juan, “muy verdaderamente”. (Jn 1:51.) Se dice que
el uso que hizo Jesús de “amén” en este sentido es único en la literatura sagrada, y estuvo en
conformidad con la autoridad que le fue conferida por Dios. (Mt 7:29.)
No obstante, como muestra Pablo en 2 Corintios 1:19, 20, el título “Amén” aplica a Jesús no solo
por su veracidad y por ser un verdadero profeta y vocero de Dios, sino también porque en él se
cumplen todas las promesas de Dios. Su fidelidad y obediencia, hasta el punto de sufrir una muerte
sacrificatoria, han confirmado y hecho posible la materialización de todas esas promesas que
conforman el propósito divino. Él fue la Verdad viviente de aquellas revelaciones del propósito de
Dios, de las cosas que Dios había jurado. (Compárese con Jn 1:14, 17; 14:6; 18:37.)
La expresión “Amén” se usa muchas veces en las cartas, en especial en las de Pablo, cuando el
escritor expresa alguna forma de alabanza a Dios (Ro 1:25; 16:27; Ef 3:21; 1Pe 4:11) o cuando
formula el deseo de que el favor divino se manifieste de alguna manera para con los destinatarios de
la carta. (Ro 15:33; Heb 13:20, 21.) También se emplea en los casos en que el escritor concuerda
de todo corazón con lo que se dice. (Rev 1:7; 22:20.)
86
