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incorporándolo en el perímetro de la ciudad; por otro lado, ordenó cegar los manantiales que había
fuera a fin de obligar a los sitiadores asirios a buscar agua por su cuenta. (2 Crónicas 32:2-5; Isaías
22:11.) Pero eso no fue todo. Ezequías halló la forma de derivar una nueva provisión de agua hasta
la ciudad.
En lo que se ha llamado una de las grandes hazañas de ingeniería de la antigüedad, Ezequías
excavó un túnel desde el manantial de Guihón hasta el estanque de Siloam. El túnel tiene una
altura promedio de 1,80 metros y mide 533 metros de largo. ¡Imagínese: un túnel de más de medio
kilómetro perforado en la roca! Todavía hoy, unos dos mil setecientos años después, los visitantes
de Jerusalén pueden caminar por esta obra maestra de ingeniería, conocida comúnmente por el
nombre de túnel de Ezequías. (2 Reyes 20:20; 2 Crónicas 32:30.)
Podemos sacar una lección práctica del empeño de Ezequías por proteger y aumentar el
suministro de agua de Jerusalén. Jehová es “la fuente de agua viva”. (Jeremías 2:13.) Sus
pensamientos, consignados en la Biblia, sustentan la vida, lo que hace indispensable el estudio
personal de ella. Sin embargo, las oportunidades de estudiar, así como el conocimiento resultante,
no nos vendrán automáticamente. Puede ser que tengamos que ‘excavar túneles’, quizás a través
de nuestra apretada rutina diaria, para hacerles sitio. (Proverbios 2:1-5; Efesios 5:15, 16.) Una vez
que hayamos comenzado, debemos ceñirnos a nuestro horario, dando prioridad al estudio
personal. No dejemos que nada ni nadie nos prive de este valioso abastecimiento de agua.
(Filipenses 1:9, 10.)
Núm. 1: 2 Reyes 20:12-21
Núm. 2: Ehúd (núm. 2). Tema: Jehová libra a su pueblo (it-1 págs. 779, 780)
*** it-1 págs. 779-780 Ehúd ***
2. Hijo de Guerá, de la tribu de Benjamín. (Jue 3:15.) Dios escogió a Ehúd para librar a la nación
de una esclavitud de dieciocho años al rey Eglón de Moab, esclavitud que Dios permitió debido a que
los israelitas “hicieron lo que era malo a los ojos de Jehová”. (Jue 3:12-14.)
Cuando los israelitas empezaron a clamar a Jehová por auxilio, Dios levantó un “salvador” en la
persona de Ehúd. A su debido tiempo, los israelitas enviaron tributo a Eglón por medio de Ehúd, que
se había hecho una espada de dos filos cuya “longitud era de un codo [heb. gó·medh]”. En este caso
en concreto, no hay certeza en cuanto a la equivalencia de esa medida, aunque algunos creen que
era un codo corto de unos 38 cm. Ehúd era zurdo, o, expresado literalmente, “un hombre cerrado
(impedido) de su mano derecha”. Sin embargo, esto no quiere decir que tuviese algún impedimento,
ya que en hebreo se emplea la misma fraseología para aludir a setecientos guerreros benjamitas,
que aunque difícilmente tendrían defectos físicos, eran zurdos, y es muy probable que fuesen
ambidextros. (Jue 3:15, 16, nota; 20:16; compárese con 1Cr 12:2.) La Biblia no especifica que Ehúd
fuese ambidextro, aunque cabe esa posibilidad. De todas maneras, ya que era zurdo, se ciñó la
espada sobre su muslo derecho, bajo la ropa.
Después de presentar el tributo, Ehúd se volvió con los portadores del mismo, pero cuando
llegaron a las canteras de Guilgal, los despidió y regresó. A continuación fue a ver a Eglón, el rey
moabita, que estaba sentado en su cámara del techo, y le dijo: “Una palabra de Dios tengo para ti”.
Interesado, Eglón se levantó de su trono. En ese instante Ehúd “metió su mano izquierda y tomó la
espada de sobre su muslo derecho”, y la hundió en el grueso vientre de Eglón. Como resultado, “el
mango también siguió entrando tras la hoja, de modo que la gordura se cerró sobre la hoja”. Un
hombre que usase su mano derecha quizás habría sacado la espada de su lado izquierdo, así que
no es probable que Eglón esperase que Ehúd, usando su mano izquierda, sacase una espada del
muslo derecho. Una vez muerto el gobernante enemigo, Ehúd cerró con llave tras él las puertas de
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