EMT 2015 (2).pdf


Vista previa del archivo PDF emt-2015-2.pdf


Página 1...62 63 646566138

Vista previa de texto


Bajo el dominio babilonio. Aunque muchos de los exiliados vivían cerca del río Kebar, fuera de
la ciudad de Babilonia, se escogió a Daniel y sus tres compañeros para un aprendizaje especial de
la escritura y lengua caldeas durante tres años, a fin de equiparlos para funciones de gobierno. Como
era costumbre, les pusieron nombres babilonios: a Daniel le llamaron Beltsasar conforme al nombre
del dios de Nabucodonosor. (Da 1:7; 4:8; véase BELTSASAR.) Como Daniel no quería contaminarse
con los alimentos que le habían preparado —entre los que podía haber algunos prohibidos por la ley
mosaica o tal vez profanados con rituales paganos—, pidió que su dieta y la de sus compañeros se
limitara a verduras y agua. Jehová Dios les dio “conocimiento y perspicacia en toda escritura y
sabiduría; y Daniel mismo tenía entendimiento en toda suerte de visiones y sueños”. (Da 1:17.)
Cuando el rey los examinó una vez concluidos los tres años, los halló “diez veces mejores que todos
los sacerdotes practicantes de magia y los sortílegos que había en toda su región real”. (Da 1:20.)
Daniel continuó al servicio de la corte real hasta la caída de Babilonia. Daniel 1:19 dice que sus
tres compañeros también “continuaron estando de pie delante del rey” de Babilonia, pero no se
especifica si todavía vivían cuando cayó el imperio y permanecían en el cargo como Daniel, que
después estuvo en la corte persa hasta, por lo menos, el tercer año de Ciro. (Da 10:1.)
Los sueños de Nabucodonosor. En el segundo año de su reinado (probablemente contando
desde la caída de Jerusalén en 607 a. E.C.), Nabucodonosor tuvo un sueño que ‘agitó su espíritu’.
Como todos los sabios fueron incapaces de revelarlo, Daniel se presentó ante el rey y, no solo le
contó el sueño por revelación divina, sino que lo interpretó, gracias a lo cual salvó su vida y la de los
otros sabios. Este suceso hizo que Nabucodonosor nombrara a Daniel “gobernante sobre todo el
distrito jurisdiccional de Babilonia y el prefecto principal sobre todos los sabios de Babilonia”. (Da
2:48.) Sus tres compañeros recibieron puestos encumbrados fuera de la corte, mientras que Daniel
sirvió en la misma corte del rey.
No se sabe con certeza por qué Daniel no se vio implicado en la cuestión de integridad a la que
se enfrentaron sus compañeros Sadrac, Mesac y Abednego cuando se les mandó que adorasen la
imagen de oro colocada en la llanura de Dura (Da 3); la Biblia no dice nada al respecto. El proceder
previo de Daniel, así como su lealtad posterior a Dios —incluso en peligro de muerte, como se narra
en el capítulo 6—, nos da completa seguridad de que si hubiera estado presente, y sin importar las
circunstancias, no habría transigido arrodillándose ante la imagen. Además, la Biblia presenta a
Daniel como un siervo aprobado de Dios y se menciona su nombre junto a los de Noé y Job. (Eze
14:14, 20; Mt 24:15; Heb 11:32, 33.)
Tiempo después, Daniel interpretó el sueño de Nabucodonosor sobre un inmenso árbol que fue
cortado y al que después se le permitió brotar de nuevo. Este árbol representaba al gran monarca
babilonio (en la aplicación más inmediata de la profecía). (Da 4:20-22.) Nabucodonosor
permanecería en un estado de locura por siete años y luego recobraría el juicio y también su reino.
Fue el propio Nabucodonosor quien dio testimonio de que esto en realidad le sucedió por mano de
Dios al parecerle bien proclamar por todo el reino la experiencia. (Da 4:1, 2.)
Visiones. Daniel recibió dos visiones (Da 7, 8) durante el primer y el tercer año de Belsasar.
Diferentes animales representaron en estas visiones a las potencias mundiales que se irían
sucediendo hasta el tiempo en que serían destruidas y se daría la gobernación celestial a “alguien
como un hijo del hombre”. (Da 7:11-14.) No se sabe con certeza si al recibir la visión del capítulo 8,
Daniel estaba de hecho en Susa o se vio a sí mismo allí como parte de la visión. Parece ser que, tras
la muerte de Nabucodonosor, por largo tiempo se usó poco a Daniel como consejero, si es que en
alguna ocasión se volvió a acudir a él, de manera que la reina (probablemente la reina madre) tuvo
que hablar de él a Belsasar cuando ninguno de sus sabios fue capaz de interpretar la portentosa
escritura que apareció sobre la pared del palacio en la ocasión en que este monarca ofrecía un festín
desenfrenado y blasfemo. Como se le había prometido, “por heraldo anunciaron, acerca de él, que
había de llegar a ser el tercer gobernante en el reino”; Nabonido era el primero y su hijo Belsasar, el
segundo. Aquella misma noche la ciudad cayó ante los medos y los persas y Belsasar fue asesinado.
(Da 5:1, 10-31.)
64