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reconoció: “Todos los reinos de la tierra me los ha dado Jehová el Dios de los cielos, y él mismo me
ha comisionado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá”. (Esd 1:1, 2.) Por
supuesto, esto no significa que Ciro llegó a ser un converso judío, sino simplemente que conocía los
hechos bíblicos con respecto a su victoria. En vista de la elevada posición administrativa en la que
se colocó a Daniel, tanto antes como después de la caída de Babilonia (Da 5:29; 6:1-3, 28), sería
muy raro que Ciro no estuviera informado de las profecías que habían registrado y pronunciado los
profetas de Jehová, entre las que se contaba la de Isaías que mencionaba su nombre. En lo que
respecta al Cilindro de Ciro, citado antes, se reconoce que otras personas además del rey pudieron
haber participado en la preparación de este documento cuneiforme. El libro Arqueología bíblica (de
G. Ernest Wright, 1975, pág. 293) habla del “rey o la oficina que redactó la proclama” (compárese el
caso similar de Darío en Da 6:6-9), mientras que el Dr. Emil G. Kraeling (Rand McNally Bible Atlas,
1966, pág. 328) llama al Cilindro de Ciro “un documento propagandístico elaborado por los
sacerdotes babilonios”. En efecto, puede que se haya redactado bajo la influencia del clero babilonio
(véase Ancient Near Eastern Texts, nota 1 al pie de la página 315), que así trataría de explicar el
fracaso total de Marduk (también conocido como Bel) y los demás dioses babilonios en salvar la
ciudad, llegando incluso al extremo de atribuir a Marduk las cosas que había hecho Jehová.
(Compárese con Isa 46:1, 2; 47:11-15.)
El decreto de Ciro para el regreso de los exiliados. Al decretar el fin del exilio judío, Ciro cumplió
su comisión como ‘pastor ungido’ de Jehová para Israel. (2Cr 36:22, 23; Esd 1:1-4.) La proclamación
se hizo “en el primer año de Ciro el rey de Persia”, lo que quiere decir en su primer año como
gobernante de la recién conquistada Babilonia. El registro bíblico de Daniel 9:1 se refiere al “primer
año de Darío”, que pudo transcurrir entre la caída de Babilonia y “el primer año de Ciro” sobre esta
ciudad. En tal caso, el escritor posiblemente consideró que el primer año de Ciro empezó en la última
parte del año 538 a. E.C. No obstante, aun pensando que Darío fuese un virrey sobre Babilonia que
hubiera gobernado a la vez que Ciro, la costumbre babilonia hubiera sido considerar el primer año
reinante de Ciro desde Nisán de 538 hasta Nisán de 537 a. E.C.
Según el registro bíblico, el decreto de Ciro de libertar a los judíos para regresar a Jerusalén
probablemente se promulgó a finales de 538 o a principios de 537 a. E.C. Esto permitiría suficiente
tiempo para que los exiliados judíos preparasen su salida de Babilonia, emprendieran el largo y difícil
viaje a Judá y Jerusalén (un viaje que pudo durar unos cuatro meses, según Esd 7:9) y se
establecieran “en sus ciudades”, en Judá, para el “séptimo mes” (Tisri) de 537 a. E.C. (Esd 3:1, 6.)
Este suceso señaló el final de los setenta años de desolación de Judá profetizados, que habían
comenzado en el mismo mes de Tisri de 607 a. E.C. (2Re 25:22-26; 2Cr 36:20, 21.)
La cooperación de Ciro con los judíos contrastaba de forma notable con el trato que estos habían
recibido de los gobernantes paganos anteriores. Les devolvió los utensilios sagrados del templo que
se había llevado Nabucodonosor II a Babilonia, les otorgó permiso real para importar maderas de
cedro del Líbano y autorizó el desembolso de fondos de la casa del rey para cubrir los gastos de
construcción. (Esd 1:7-11; 3:7; 6:3-5.) Según el Cilindro de Ciro (GRABADO, vol. 2, pág. 332), el
gobernante persa siguió en líneas generales una política humanitaria y tolerante para con los pueblos
conquistados. De acuerdo con esta inscripción, dijo lo siguiente: “Devolví a (estas) ciudades
sagradas, del otro lado del Tigris, cuyos santuarios habían sido ruinas largo tiempo, las imágenes
que (solían) vivir en ellas y establecí para ellas santuarios permanentes. (También) reuní todos sus
habitantes (antiguos) y (les) devolví sus solares”. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, págs. 245, 246.)
Aparte de la proclamación real registrada en Esdras 1:1-4, en la Biblia se habla de otro documento
de Ciro, un “memorándum”, que se archivó en la casa de los registros de Ecbátana, en Media, y que
se descubrió allí durante el reinado de Darío el persa. (Esd 5:13-17; 6:1-5.) Con respecto a este
segundo documento, el profesor G. Ernest Wright dice: “Lleva el título explícito de dikrona, un término
oficial arameo para designar un memorial en que se consignaba una decisión oral del monarca y que
ponía en marcha una acción administrativa. No estaba destinado a la publicación, sino para que lo
tuviera a la vista el funcionario correspondiente, después de lo cual era depositado en los archivos
oficiales”. (Arqueología bíblica, pág. 293.)
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