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Aunque el relato de Jenofonte difiere en algunos detalles, contiene los mismos elementos básicos
que el de Heródoto. Jenofonte dice que para Ciro era casi imposible tomar por asalto los poderosos
muros de Babilonia, y entonces pasa a contar cómo puso sitio a la ciudad, desviando las aguas del
Éufrates en canales. Mientras la ciudad celebraba una fiesta, envió sus fuerzas por el lecho del río,
pasando los muros de la ciudad. Las tropas, bajo el mando de Gobrias y Gadatas, sorprendieron a
los guardas desprevenidos y consiguieron entrar a través de las mismas puertas del palacio. En una
sola noche “la ciudad había sido tomada y el rey muerto”, y los soldados babilonios que ocupaban
las diversas ciudadelas se rindieron a la mañana siguiente. (Ciropedia, VII, V, 33; compárese con Jer
51:30.)
El historiador judío Josefo registra el relato que escribió el sacerdote Beroso (siglo III a. E.C.)
sobre la conquista de Ciro, como sigue: “En el año decimoséptimo de su reinado [de Nabonido o
Nabonedo], Ciro el Persa lo atacó con un gran ejército; y luego de haberse apoderado de todo el
Asia, invadió la misma Babilonia. Nabonedo le salió al encuentro, pero fue vencido; entonces con
unos pocos buscó salvarse, encerrándose en la ciudad de Borsipo [un suburbio de Babilonia]. Ciro,
una vez que se hubo apoderado de Babilonia, dispuso que se destruyeran las defensas exteriores
de la ciudad, al ver que la ciudad era insegura de capturar por ser difícil su asedio. De ahí se dirigió
a Borsipo, para atacar a Nabonedo, el cual, viendo que no podía soportar el asedio, se rindió. Ciro
se portó humanamente con él, le entregó la Carmania para vivir allí, pero lo hizo salir de Babilonia.
En cuanto a Nabonedo, habiendo pasado el resto de su vida en esta región, falleció”. (Contra Apión,
libro I, sec. 20.) Este relato difiere de los demás sobre todo en lo que concierne a la actuación de
Nabonido y la actitud de Ciro para con él. Sin embargo, está en armonía con el registro bíblico, que
muestra que Belsasar, no Nabonido, fue el rey asesinado aquella noche. (Véase BELSASAR.)
Aunque las tablillas cuneiformes que han hallado los arqueólogos no dan detalles precisos en
cuanto a cómo se produjo la conquista de Babilonia, sí confirman su caída súbita a manos de Ciro.
Según la Crónica de Nabonido, en el mes de Tisri (septiembre-octubre) del que resultó ser el último
año del reinado de este monarca (539 a. E.C.), Ciro atacó las fuerzas babilonias en Opis y las derrotó.
La inscripción continúa: “El día 14 Sippar fue tomada sin combate. Nabonid huyó. El día 16, Gobrias
(ugbaru), gobernador de Gutium, y el ejército de Ciro entraron en Babilonia sin combate. Después
Nabonid fue apresado en Babilonia, a la que volvió [...]. En el mes de Arahšamnu [Marhesván
(octubre-noviembre)], el día 3, Ciro entró en Babilonia”. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, pág. 241.)
Gracias a esta inscripción se puede fijar la fecha de la caída de Babilonia en el 16 de Tisri de 539
a. E.C., con la entrada de Ciro diecisiete días después, el 3 de Marhesván.
Empieza la dominación mundial aria. Con esta victoria Ciro puso fin a la dominación de los
gobernantes semitas sobre Mesopotamia y el Oriente Medio, y fundó la primera potencia mundial de
origen ario. El Cilindro de Ciro, documento cuneiforme de tono muy religioso que los historiadores
creen que se escribió para ser divulgado en Babilonia, presenta a Ciro atribuyendo su victoria a
Marduk, el dios principal de Babilonia, con las siguientes palabras: “Examinó y miró (a través de)
todos los países, buscando un gobernante recto dispuesto a llevarle (a saber, a Marduk) (en la
procesión anual). (Entonces) pronunció el nombre de Ciro (ku-ra-aš), rey de Anšan, declaróle (lit.:
pronunció [su] nombre) para que fuese el gobernante de todo el mundo. [...] Marduk, el gran señor,
un protector de su pueblo/adoradores, observó con placer sus buenas obras (a saber, las de Ciro) y
su espíritu (lit.: corazón) recto (y, por consiguiente), le hizo marchar contra su ciudad de Babilonia
(Ká.dingir.ra). Hizo que emprendiera el camino de Babilonia (DIN.TIRki), yendo a su lado como un
verdadero amigo. Sus tropas desplegadas —cuyo número, como el del agua de un río, no puede
indicarse—, anduvieron, sin utilizar las armas. Sin dar una batalla, le hizo entrar en su ciudad de
Babilonia (Šu.an.na), evitando a Babilonia (Ká.dingir.raki) toda calamidad”. (La Sabiduría del Antiguo
Oriente, pág. 244.)
¿Por qué el Cilindro de Ciro explica la caída de Babilonia de manera distinta a como lo hace
la Biblia?
A pesar de esta interpretación pagana de los acontecimientos, la Biblia muestra que cuando Ciro
proclamó el decreto que autorizaba a los judíos exiliados a volver a Jerusalén y reconstruir el templo,
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