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PROFECÍA
“Reparten entre sí mis prendas de vestir, y sobre mi ropa echan suertes. “ (Salmo 22:18)
CUMPLIMIENTO
“Cuando los soldados hubieron fijado a Jesús en el madero, tomaron sus prendas de vestir
exteriores e hicieron cuatro partes […]. Pero la prenda de vestir interior era sin costura, pues era
tejida desde arriba toda ella. Por eso se dijeron unos a otros: 'No la rasguemos, sino que por
suertes sobre ella decidamos de quién será'." (Juan 19:23, 24)

Núm. 3: Asá (núm.1). Tema: Adoremos a Jehová con celo (it-1 págs. 221, 222)
*** it-1 págs. 221-222 Asá ***
1. El tercer rey de Judá después de la división de la nación en dos reinos. Fue hijo de Abiyam (Abías) y
nieto de Rehoboam. Reinó por cuarenta y un años: de 977 a 937 a. E.C. (1Re 15:8-10.)
El celo de Asá por la adoración pura. Los veinte años transcurridos desde la división nacional en dos
reinos habían saturado de apostasía a Judá y Benjamín. Asá demostró tener celo por la adoración pura “como
David su antepasado” y con valor se dispuso a limpiar la tierra de los ídolos y los prostitutos de templo. Mandó
quemar el “ídolo horrible” que su abuela Maacá había hecho en honor del poste sagrado, y por esta causa la
destituyó del puesto de ‘primera dama’ que ocupaba. (1Re 15:11-13.)
En 2 Crónicas 14:2-5 se afirma que Asá “quitó los altares extranjeros y los lugares altos y quebró las
columnas sagradas y cortó los postes sagrados”. No obstante, 1 Reyes 15:14 y 2 Crónicas 15:17 refieren que
“los lugares altos no los quitó”. Por consiguiente, parece que los lugares altos aludidos en el primer registro de
Crónicas que se cita estaban dedicados a la adoración pagana adoptada que infectó a Judá, mientras que el
libro de Reyes se refiere a lugares altos en los que la gente participaba en la adoración a Jehová. Aun después
de haberse erigido el tabernáculo y de la posterior construcción del templo, ocasionalmente se ofrecían
sacrificios a Jehová en lugares altos, sacrificios que le eran aceptables en circunstancias especiales, como
sucedió en los casos de Samuel, David y Elías. (1Sa 9:11-19; 1Cr 21:26-30; 1Re 18:30-39.) No obstante, el
lugar habitual aprobado para los sacrificios era aquel autorizado por Jehová. (Nú 33:52; Dt 12:2-14; Jos 22:29.)
En los lugares altos también se llevaban a cabo formas de adoración impropias, que bien pueden haber
continuado a pesar de que se quitaran los lugares altos paganos, tal vez debido a que el rey no persiguió su
eliminación con el mismo vigor con que suprimió los lugares paganos. O también es posible que Asá quitara
por completo todos los lugares altos, pero que brotaran de nuevo con el tiempo y no se hubieran eliminado
para cuando concluyó su reinado, lo que hizo posible que los aplastara su sucesor Jehosafat.
El celo de Asá por la adoración pura resultó en bendiciones y paz procedentes de Jehová durante los diez
primeros años de su reinado. (2Cr 14:1, 6.) Más tarde, Zérah el etíope atacó Judá con un ejército de un millón
de guerreros. A pesar de que los efectivos de las fuerzas enemigas eran muy superiores, Asá salió para hacer
frente a la invasión en Maresah, situada a unos 38 Km. al OSO. de Jerusalén, en las tierras bajas de Judá. La
ferviente oración que pronunció antes de entrar en combate fue un reconocimiento del poder de Jehová para
librarle y una súplica por ayuda: “Nos apoyamos en ti, y en tu nombre hemos venido contra esta muchedumbre.
Oh Jehová, tú eres nuestro Dios. No permitas que el hombre mortal retenga fuerza contra ti”. El resultado fue
una victoria completa. (2Cr 14:8-15.)
Después de esto, el profeta Azarías se encontró con Asá, a quien le recordó: “Jehová está con ustedes
mientras ustedes resulten estar con él” y “si lo dejan, él los dejará a ustedes”. Llamó su atención a las
sangrientas contiendas internas que sufrió la nación cuando se apartó de Jehová y lo instó a continuar con
valor su actividad a favor de la adoración pura. (2Cr 15:1-7.) Asá reaccionó favorablemente y fortaleció a la
nación en el servicio verdadero a Jehová, lo que resultó en que en el decimoquinto año de la gobernación de
Asá (963 a. E.C.), una importante cantidad de personas del reino septentrional abandonaran esa región para
unirse a una multitud congregada en Jerusalén, donde concertaron entrar en un pacto que manifestaba su
determinación de buscar a Jehová y estipulaba la pena de muerte para aquellos que no lo guardaran. (2Cr
15:8-15.)
Intriga y guerra contra Baasá. El rey Baasá de Israel se dispuso a bloquear el paso de cualquiera que se
sintiera inclinado a regresar a Judá fortificando la ciudad fronteriza de Ramá, situada en el camino principal a
Jerusalén y a poca distancia al N. de dicha ciudad. Debido a un razonamiento humano o a prestar atención a
algún mal consejo, Asá no se apoyó solo en Jehová, sino que recurrió a la diplomacia y a la conspiración para

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