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Colectivo Literario
KAMINU LIMAY
— que para mí sólo era un ruido molesto —, y entonces ya no
comían con gusto y se quedaban viendo con mucha turbación. Me
advirtieron que tuviera mucho cuidado de andar lejos de la casa, que
debía regresar con mis dos vecinos Sarita y Josué, sin desviarnos del
camino. Todos los días jugaba con ellos, pero al salir de la escuela
yo siempre tenía una excusa ingeniosa para adelantarme y poder ir
a espiar el campamento.
Aquel día nadie lo esperaba, los de la comunidad entera dormíamos,
muy plácidamente, la última vez quizás, cuando entre sueños
sentí que se acercaba el estruendo de la hélice de un helicóptero;
me asusté y precipitadamente fui hasta la cama de mis papás, era
la madrugada fría de un martes de abril y todavía estaba oscuro.
Abrazados, temblábamos de pánico y, de repente, muy cerca de
allí irrumpió el estentóreo y ensordecedor cisco de las balas, las
bombas, las ametralladoras… Todo empezó como a eso de las
cuatro, hasta las seis de la mañana, cuando ya no se escuchó más
nada. Todos teníamos miedo de salir; a las ocho era la entrada a
clases, pero ninguno de nosotros fuimos. En lo corrido de ese día,
muchos de los vecinos hablaban de lo sucedido, pero como las casas,
las parcelas y las fincas cercanas de alrededor no habían resultado
tan afectadas, ni destruidas ni incendiadas como otras veces, la
gente lo tomó como si hubiera despertado de una muy pesadilla.
Así que al día siguiente sí fuimos a la escuela y, como de costumbre,
zafé de mis amigos y, mientras me acercaba al campamento, advertí
que el río arrastraba aguas casi rojas, me acerqué más y ahí estaba:
el campamento abandonado y un hombre tirado inmóvil bocabajo
en la orilla y desnudo.
Una fatiga insoportable hormigueaba en todo mi cuerpo, tenía
náuseas y casi no podía respirar. Salí despavorida con los ojos
cerrados y cuando por fin llegué a la casa de mis papás me
esperaban con una reprimenda, porque la única que había llegado
a casa a tiempo era Sarita, pero Josué no llegaba aún y su mamá ya
andaba muy preocupada. Apenas acabamos de almorzar, fui a casa
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