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Leyendas de los 9 Reinos: 1ª Leyenda – Libro 1
—Así es, queríamos cumplir nuestro trabajo una vez que hubiéramos puesto a salvo
a la niña. No pretendía ser irrespetuoso, pero hemos visto varios cadáveres causados por
los saqueadores, y he temido que os tuviera amenazados de algún modo. —Dice Colega
mientras inclina la cabeza a modo de disculpa. Desde luego, a pesar de lo callado que es
por naturaleza a la hora de elegir las palabras, es mucho mejor que yo, por eso suelo
dejar que se ocupe de toda la “diplomacia”, por no mencionar la parte de la negociación.
Jejeje.
—Lo comprendo, es perfectamente comprensible, pero el joven ha dado muestra de
una gran bondad y valor, yo mismo le he exculpado de sus crímenes pasados por su
gesta. —Dice el viejo Blero mientras le devuelve la inclinación de cabeza a modo de
que acepta sus disculpas.
El ambiente en la sala subterránea se calma bastante, algunos hasta muestran sonrojo
de arrepentimiento.
—¿Entonces vais a matar al monstruo? —Dice el hombre cojo, de golpe, cortando la
conversación.
—Esa es nuestra intención, y nos disponíamos a ello una vez pusiéramos a salvo a la
pequeña. —Responde Colega.
—Pero antes nos gustaría haceros unas preguntas. —Intervengo yo, que me he dado
cuenta de una cosa.
Me acerco hasta el saqueador y la madre, intentando parecer todo lo afable posible.
—Tenéis los dos muchas heridas y quemaduras, sobre todo tú Noip. Por lo que no
creo que pudierais llegar hasta aquí con esas heridas y dos niños eludiendo al dragón.
¿Os hizo esas heridas conforme veníais? —Les pregunto y ellos asintieron la cabeza—
¿Y cómo pudisteis eludirlo? Yo mismo lo he visto, es bastante rápido, tú estás en forma
y quizás pudieras hacerlo, pero no una ama de casa y sus dos niños pequeños. —Fue por
el sol, que lo dejó prácticamente ciego y no daba pie con bola, embestía lo que fuera,
chocaba contra los edificios y se tropezaba, por eso no nos pilló. —Me explica Noip.
—¿El sol? —Le pregunto, creyendo saber la respuesta.
—Sí, al amanecer, el sol sale justo detrás de este templo, así que corrimos por la calle
del mercado con ese monstruo detrás para que le diera los rayos del sol directamente en
la cara. Una compañera mía me dijo cuando llegamos que estas criaturas tienen muy
buena visión durante el día y la noche, así que daba igual si íbamos durante el día y la
noche, que a él le es indiferente, pero cuando amanece, cuando sale la luz tan intensa y
de cara después de varias horas de oscuridad era el momento en el que peor veía, así que
era el único instante en el que podíamos movernos con relativa tranquilidad, por eso
salimos de la casa en ruinas en la que los vi a esa hora. Esperaba que pasara de nosotros,
pero se ve que nos olió o algo porque salió como un poseso a por nosotros, pero cuando
la luz le dio de golpe lo dejó atontado, no sabía por dónde ir, intentó alcanzarnos, pero
se chocó con todo, pero el muy cabrón se puso a soltar fuego en todas las direcciones,
ahí nos dio un poco, pero pudimos llegar hasta este sótano a tiempo. —Nos explica
Noip.
Eso es, el amanecer es la hora adecuada, ya me lo había imaginado por las
escaramuzas que oí esas mañanas, la última debieron ser ellos, así que podemos
aprovechar esa hora, y también el mismo camino que hicieron ellos para descolocar
también al dragón y entonces sí que tendremos muchas posibilidades de matar a ese
cabronazo.
—¡Colega! —Me giro bruscamente hacia a él y le pregunto feliz como una perdiz—
¿Te importa si le damos unos arreglillos al plan?

Darío Ordóñez Barba

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