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LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FÚTBOL: UNA FORMA DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA

generó un ambiente sumamente enrarecido que conspiró sobremanera contra las
posibilidades del elenco visitante.
En honor a la verdad, hay que decir que los argentinos la pasaron realmente
muy mal, habiendo sido acosados por el público local desde el mismo momento
de su debut el 15 de julio, con triunfo 1-0 en el Parque Central ante Francia gracias a un gol de tiro libre anotado por Luis Monti. El partido estuvo a cargo del
juez brasileño Gilberto de Almeida Rego, quien vaya a saber por qué razón fue
víctima de una confusión que lo llevó a pitar el final seis minutos antes de lo que
correspondía. Si bien el hombre pudo corregir su equivocación y obtener la
aceptación de los dos equipos de retornar a jugar el tiempo faltante -el resultado
permaneció incambiado-, el público uruguayo ingresó al campo de juego para
hostigar a los jugadores argentinos, al punto que Roberto Cherro sufrió una
crisis de nervios que lo llevó a no volver a participar en el resto del torneo. Fue
una actitud injustificable de parte de algunos aficionados locales, del mismo tipo
del que otras veces, jugando en Buenos Aires, les ha tocado padecer a varios
clubes y seleccionados uruguayos, ya sea exponiéndose a riesgos físicos para
poder entrar a un estadio o salir de él, ya sea soportando las eternas “serenatas”
en las noches previas a los partidos con el fin de impedir un correcto descanso, o
tal vez recibiendo pedradas en la cancha y agresiones impunes en la vía pública.
En el Estadio Centenario recientemente inaugurado, los jugadores debían
subir a través de una de sus tribunas -la Olímpica- para acceder a los vestuarios
situados en la parte alta de la misma. Al término del primer tiempo de la final,
los argentinos pudieron completar dicho trayecto gracias a que una doble hilera
de soldados los defendió de los espectadores. También fueron molestados ese día
durante el retorno a su lugar de concentración, aunque si nos atenemos a lo dicho
por el defensa argentino Alberto Chividini -quien jugó como half derecho titular
solamente en el match de su selección ante México- no habría habido agresiones físicas sino simples insultos.
“Para llegar a nuestro alojamiento tuvimos que desfilar por la Av. Agraciada.
Allí se había dado cita todo Montevideo deportivo, que nos hizo objeto de toda
clase de pullas y burlas, llevando banderas argentina con crespones. Algunos
nos insultaron, pero no hubo más”9.
Pero los visitantes no sólo se quejaron de cómo los trató alguna gente uruguaya, sino también del comportamiento de los mismos jugadores celestes.
Fue una lástima que la final del Campeonato Mundial no se haya jugado en field
neutral para que factores ajenos al juego mismo no hubiesen influido en su resultado y promovieran un desagrado que pone dudas en la legitimidad de la
victoria y puede hacer pensar que el vencido no acepta la derrota con alto espíritu deportivo.(...) Durante el primer periodo, y cuando el score ya nos era
9

Lombardo, Ricardo – Donde se cuentan proezas – Ediciones de la Banda Oriental – 1993 –
Montevideo – Uruguay.

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