LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FUTBOL MPERCOVICH.pdf

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Dr. MÁXIMO PERCOVICH
para recriminar a nuestro tantas veces citado Monti acerca de la dureza de su
juego, haciéndole saber que un foul por él cometido dentro del área contra el
checo Nejedly no había sido sancionado con el correspondiente penal gracias a la
“colaboración” del árbitro, pero que el mismo no tendría más remedio que proceder reglamentariamente si la situación llegaba a repetirse. También cuenta la
leyenda que el cónsul checo en Italia promovió días después un encuentro entre
Schiavio y Planicka, donde éste le habría obsequiado su gorra al rival como
reconocimiento a su entrega durante el partido. Planicka admitió no haberse
esmerado mucho en detener la pelota en la jugada del último gol, por entender
que una copa valía mucho menos que la vida de un plantel completo. Unos meses después el arquero habría recibido en su casa un paquete remitido por
Schiavio, el que contenía en su interior su propia medalla de campeón del mundo y una nota en la que le agradecía por haberle salvado la vida.
La historia acabó con un final feliz para la selección italiana, de forma que
gracias a todo el apoyo recibido –del público, de Benito Mussolini, del fascismo, de Baert, de Mercet y de Eklind, entre otros- pudo hacerse simultáneamente
de la copa “Jules Rimet” y la “Coppa del Duce”.
René Mercet (1898- 1961) e Iván Eklind (1905 – 1981) fueron suspendidos a
perpetuidad por las federaciones de sus respectivos países y por la FIFA, aunque
el sueco solicitó y obtuvo la gracia que le permitió volver a arbitrar en los mundiales de 1938 y 1950. Por su parte Louis Baert (1903 – 1969) también tomó
parte en la copa de Francia 1938 y prolongó su carrera arbitral hasta 1952; una
vez finalizada la misma pasó a integrar el Panel Ejecutivo de la Asociación de
Fútbol de Bélgica, donde permaneció hasta su muerte35.
El régimen fascista no terminó siendo del todo grato con algunos de sus gladiadores de 1934: Enrique Guaita -jugador del Club Roma y autor del gol que
definió el cotejo ante Austria-, debió huir de Italia el 20 de setiembre de 1935
junto a sus compatriotas y compañeros Stagnaro y Scopelli, ante la inminencia
de tener que enrolarse en el ejército para marchar a la guerra en África. Los tres
cruzaron en tren la frontera con Francia, desde donde un transatlántico los trasladó a Buenos Aires; así el campeón del mundo Guaita terminó su relación de
35
Para historiar la actuación de estos tres polémicos árbitros en las copas del mundo, digamos que
Mercet dirigió en 1934 los partidos Italia – EEUU (7-1) y la segunda vez que jugaron Italia – España
(1 – 0); también fue asistente en Alemania – Suecia (2-1). Louis Baert en 1934 sólo condujo el primer
partido entre Italia – España (1-1) y fue asistente en Suiza – Alemania (4-2), Italia – Austria (1-0),
Italia – Checoslovaquia (2-1) y Austria – Francia (3-2); en las tres primeras oportunidades mencionadas el árbitro principal fue Ivan Eklind. En 1938 los papeles se invirtieron, por lo que Baert fue
árbitro del famoso partido que enfrentó a Italia – Francia (3 -1) con la asistencia del propio Eklind;
fue éste el partido en que Italia jugó con camiseta negra -el color representativo del fascismo- para
desafiar al público francés, cuando se estaba a pocos meses del comienzo de la Segunda Guerra
Mundial. Con respecto al sueco, además de los dos partidos ya comentados en el mundial de 1934
también le tocó conducir Suecia – Holanda (3-2); en 1938 se le asignó Suiza – Alemania (4-2) y
Brasil – Polonia (6-5), mientras que en Brasil 1950 se jugó a sus órdenes el partido Suiza – México
(2 – 1). Llama poderosamente la atención que de los seis partidos en que estuvo presente el belga
Baert entre 1934 y 1938, en cuatro de ellos una de las selecciones participantes fue Italia.
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