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LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FÚTBOL: UNA FORMA DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA
Tal cual lo dice un viejo y conocido refrán, “cuando a alguien no le gusta el
caldo se le deben dar dos tazas”. Entonces en el partido final Il Duce colocó una
vez más a Eklind a cargo de las acciones, secundado como primer asistente -de la
misma manera que frente a Austria- por Louis Baert. En esta oportunidad no fue
necesaria una cita privada para compartir una cena que fue un secreto a voces
pero que nadie se animó a confirmar, sino que el propio árbitro subió al palco
oficial del Stadio Nazionale del Partido de Roma para charlar con el dictador en
presencia de todos quienes quisieron verlo,
Si se invitaba a alguien, lo normal era que se invitara a los capitanes de los dos
equipos y posiblemente también al árbitro. Pero cuando nuestros jugadores se
enteraron de que Mussolini sólo había invitado al árbitro se quedaron de piedra.
Esto no hacía más que confirmar lo que se temía, porque conocían perfectamente lo que había pasado en la final entre Italia y Austria. (...) La información que
tenemos es fidedigna, y por eso sabemos que la victoria italiana en la copa del
mundo fue algo análogo a lo que Hitler logró hacer: manipular los juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Fueron utilizados como propaganda de un estado
fascista y de un régimen fascista34.
Una vez más Monti y sus compañeros tuvieron impunidad para repartir golpes a diestra y siniestra, pero el gol de apertura azurro no solamente nunca llegó
sino que, para colmo de males, a los 71' Checoslovaquia abrió el marcador por
medio de Antonin Puc; esto hizo que, en vista del escaso tiempo que restaba,
muchos futbolistas italianos ya comenzaran a imaginar el famoso ruido “crash”
anunciado por Mussolini acompañando el rodar de sus cabezas. La salvación
llegó a los 81' gracias a Raimundo Orsi, quien empató para obtener así el derecho
a una prórroga de treinta minutos en la que, a tan sólo cinco minutos de iniciada,
Angelo Schiavio consiguió vencer al arquero Planicka logrando el segundo y
definitivo gol. Con él también se presentó el tan anhelado suspiro de alivio;
como ya hemos visto, no ganar hubiera significado desobedecer una orden, y las
órdenes no podían de ninguna manera ignorarse dentro de aquel régimen político.
Igualmente el anecdotario da cuenta de que en determinado momento – aparentemente durante el entretiempo del mencionado match final- el director
técnico Vittorio Pozzo habría recibido una advertencia manuscrita del líder fascista que le recordaba que “Usted es el único responsable del éxito, pero que
Dios lo ayude si llega a fracasar”. La reacción del entrenador habría sido entonces decir a sus jugadores que “No me importa cómo, pero hoy deben ganar o
destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal”. Se cuenta
también que Benito en persona concurrió al vestuario durante el descanso de
ese mismo partido -que a esa altura aún estaba igualado sin abrir el marcador34
Declaraciones del periodista checo Miroslav Jensik para el mencionado documental Fútbol y
fascismo.
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