CUENTO GANADOR DEL XIII CONCURSO DE NARRATIVA BREVE TIRANT LO BLANC 2013.pdf


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Saîd no dijo nada, sólo pensó en el sobresalto que él se
llevaría también si la viera a ella, a esas mismas horas,
envuelta en la penumbra, con el velo negro que llevaba
puesto en la cabeza.
Entraron en un local de pitas. Pero Saîd no logró que
su padre comiera. Hârûn no quiso hablar más.
−¿Quieres hablarme de Estambul, papá? De Es-tambul, le repitió más despacio.
−¿Adónde vamos? Quiero ir a casa –dijo Hârûn.
−Vamos a visitar a Ipek.
−¿A quién?
−A Ipek, tu hija.
−Ah, sí, a mi Ipek, mi bella flor. Pero, ¿es que hoy no
trabajas?
−No, papá, hoy es sábado.
Desde que empezara a actuar de manera estrambótica,
Ipek había vuelto a cobrar un lugar en la mente de Hârûn.
Subieron al tranvía en Lemmonier, descendieron
cerca de Les Marolles y, maleta en mano, entraron en un
café. Saîd contó el dinero que le quedaba y pensó que
tendría que cuidarlo. El dinero del paro se había terminado,
ya no recibiría más. Con lo que quedaba no podrían comer
los dos.
Ordenó cafés turcos y baklavas.
−Papá, ¿por qué no me hablas de Estambul?
Hârûn se había ido otra vez, aunque su cuerpo
siguiera ahí. La ausencia estaba en su mirada, hueca,
diáfana, vacía de todo contenido.
En ese mismo café Hârûn les había hablado decenas
de veces, a Saîd y a Gassane, de la hermosa Estambul. De la
primavera descendiendo bruscamente sobre la ciudad; de
los días soleados y de las repentinas e inexplicables lluvias
torrenciales; de la sensación de estar en oriente y en
occidente al mismo tiempo; del aroma de las flores de
azafrán; del Ramadán, de todo eso que formaba partede su
esencia. En uno de sus paseos por el Bósforo había conocido
a Dhuha, la madre de Saîd. Cuando Saîd y su hermano eran
muy jóvenes, sus padres los enviaron a Bélgica a buscar un
futuro mejor, al cabo del tiempo obtuvieron una residencia
legal. Ipek, su hermana, se había casado con Jâlal y se
quedó en la región de Kars. Pero algunos años después Jâlal
la acusó de adulterio y no volvieron a saber de ella. El