CUENTO GANADOR DEL XIII CONCURSO DE NARRATIVA BREVE TIRANT LO BLANC 2013.pdf

Vista previa de texto
−No, papá, tú no has ido a un alminar en muchos
años.
−Entonces, ¿en dónde vamos a orar? ¿En la mezquita?
−Tú también dejaste de orar hace algún tiempo.
−Eso no es posible –respondió Hârûn, contrariado.
Saîd puso una bolsa de pañales, dos frazadas,
calcetines, un sombrero, un pequeño paraguas y el Corán en
la maleta de Hârûn. Después, le echó encima un grueso
jersey y una bufanda. El abrigo lo llevaría en la mano.
−¿Y todo esto para qué? –preguntó Hârûn−. Ni
siquiera hace tanto frío. ¿En qué estación del años estamos?
−En otoño.
−¿Otoño?
Saîd recordó el calendario que le habían regalado en
aquel restaurante chino. Tenía algunas imágenes otoñales.
Le habló despacio, moviendo muy grande la boca. Y le
mostró una imagen que incorporaba un lugar común del
otoño miles de veces representado en todo el mundo. Hârûn
asintió y esbozó una timorata sonrisa. Saîd no lo había visto
sonreír de esa manera desde hacía mucho tiempo.
Entonces le descubrió un bulto en los pantalones.
−¿Qué tienes ahí, papá?
Hârûn se atemorizó y, por un instante, Saîd temió que
se pusiera agresivo.
−¡Ponte de pie, papá!
Al desabrocharle los pantalones le encontró un
montón de envolturas de comida y servilletas sucias dentro.
Revisó debajo del cojín de la dormilona donde estaba
sentado Hârûn. También estaba lleno de porquerías. Saîd
echó todo en el bote de basura. Cogió el dinero que había
guardado dentro de una vasija de cerámica y algunas viejas
fotografías donde aparecían su madre, su hermano Gassane
y Saîd cuando eran niños; habían roto las imágenes donde
salía Ipek. Colocó todas en el bolsillo del abrigo de su padre.
De último momento había vacilado en hacer aquel
viaje, pero todavía percibía el tufo que Hârûn había dejado
la semana pasada al defecar en la alfombra.
En el corredor se encontraron con una vecina. Le dijo
a Saîd que había encontrado a su padre en la en la
madrugada, en pijama y a mitad del corredor, exánime como
un espectro.
−¡Me llevé un susto! –dijo.
