1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


Vista previa del archivo PDF 1965-12-07-concilium-vaticanum-ii-constitutiones-decretaque-omnia-es-1.pdf


Página 1...92 93 949596346

Vista previa de texto


se rejuvenece de continuo, investigando a la luz de la fe toda la verdad contenida en el
misterio de Cristo. las Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas,
son en verdad la palabra de Dios;por consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de
ser como el alma de la Sagrada Teología. También el ministerio de la palabra, esto es, la
predicación pastoral, la catequesis y toda instrucción cristiana, en que es preciso que ocupe
un lugar importante la homilía litúrgica, se nutre saludablemente y se vigoriza santamente
con la misma palabra de la Escritura.
Se recomienda la lectura asidua de la Sagrada Escritura
25.
25. Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y
los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la
palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que
ninguno de ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la
escucha en su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre
todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina.
De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en
particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la
lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es
desconocimiento de Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por
la Sagrada Liturgia,llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por
instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los
Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. peor no olviden que
debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo
entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos
las palabras divinas.
Incumbe a los prelados, "en quienes está la doctrina apostólica, instruir
oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados,
sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones
de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para
que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas
Escrituras y se penetren de su espíritu.
Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes,
para uso también de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los
pastores de las almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda
habilidad.

Epílogo