1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


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humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso
comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los
hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los
géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los
textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene,
además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo
en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros
literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso
afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de
pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en
aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.
Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con
que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos
diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la
Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar
según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para
que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que
se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la
Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de
Dios.
Condescendencia de Dios
13.
13. En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad
de Dios, la admirable "condescendencia" de la sabiduría eterna, "para que conozcamos la
inefable benignidad de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha uso teniendo providencia y
cuidado de nuestra naturaleza". Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas
se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno,
tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.

Capítulo IV
El Antiguo Testamento

La historia de la salvación consignada en los libros del Antiguo Testamento