1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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pobreza ( 2 Cor., 8,9 ).
El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redención
de muchos, es decir, de todos ( Cf. Mc., 10,45 ). Los Santos Padres proclaman
constantemente que no está sanado lo que no ha sido asumido por Cristo. Pero tomó la
naturaleza humana íntegra, cual se encuentra en nosotros miserables y pobres, a excepción
del pecado ( Cf. Heb., 4,15 ); 9,28 ). De sí mismo afirmó Cristo, a quien el Padre santificó y
envió al mundo ( Cf. Jn., 10,36 ): " El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió, y
me envió a evangelizar a los pobres, a sanar a los contritos de corazón, a predicar a los
cautivos la libertad y a los ciegos la recuperación de la vista" ( Lc., 4,18 ), y de nuevo: " El
Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido" ( Lc., 19,10 ).
Mas lo que el Señor ha predicado una vez o lo que en El se ha obrado para la
salvación del género humano hay que proclamarlo y difundirlo hasta los confines de la tierra
( Cf. Act., 1,8 ), comenzando por Jerusalén ( Cf. Lc., 24,47 ), de suerte que lo que ha
efectuado una vez para la salvación de todos consiga su efecto en la sucesión de los tiempos.
Misión del Espíritu Santo
4.
4. Y para conseguir esto envió Cristo al Espíritu Santo de parte del Padre, para que
realizara interiormente su obra salvífica e impulsara a la Iglesia hacia su propia dilatación.
Sin duda, el Espíritu Santo obraba ya en el mundo antes de la glorificación de Cristo. Sin
embargo, descendió sobre los discípulos en el día de Pentecostés, para permanecer con ellos
eternamente ( Cf. Jn., 14,16 ), la Iglesia se manifestó públicamente delante de la multitud,
empezó la difusión del Evangelio entre las gentes por la predicación, y por fin quedó
prefigurada la unión de los pueblos en la catolicidad de la fe por la Iglesia de la Nueva
Alianza, que en todas las lenguas se expresa, las entiende y abraza en la caridad y supera de
esta forma la dispersión de Babel. Fue en Pentecostés cuando empezaron " los hechos de los
Apóstoles ", como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen
María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu
Santo sobre El mientras oraba.
Mas el mismo Señor Jesús, antes de entregar libremente su vida por el mundo, ordenó
de tal suerte el ministerio apostólico y prometió el Espíritu Santo que había de enviar, que
ambos quedaron asociados en la realización de la obra de la salud en todas partes y para
siempre. El Espíritu Santo " unifica en la comunión y en el servicio y provee de diversos
dones jerárquicos y carismáticos ", a toda la Iglesia a través de los tiempos, vivificando las
instituciones eclesiásticas como alma de ellas e infundiendo en los corazones de los fieles el
mismo impulso de misión del que había sido llevado el mismo Cristo. Alguna vez también se
anticipa visiblemente a la acción apostólica, lo mismo que la acompaña y dirige
incesantemente de varios modos.
La Iglesia, enviada por Cristo
