1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


Vista previa del archivo PDF 1965-12-07-concilium-vaticanum-ii-constitutiones-decretaque-omnia-es-1.pdf


Página 1...25 26 272829346

Vista previa de texto


de los grupos o de los hombres a los que la misión se dirige. Pues, aunque la Iglesia contenga
en sí la totalidad o la plenitud de los medios de salvación, ni siempre ni en un momento obra
ni puede obrar con todos sus recursos, sino que, partiendo de modestos comienzos, avanza
gradualmente en su esforzada actividad por realizar el designio de Dios; más aún, en
ocasiones, después de haber incoado felizmente el avance, se ve obligada a deplorar de nuevo
un regreso, o a lo menos se detiene en un estado de semiplenitud y de insuficiencia. pero en
cuanto se refiere a los hombres, a los grupos y a los pueblos, tan sólo gradualmente, establece
contacto y se adentra en ellos, y de esta forma los trae a la plenitud católica.
Pero a cualquier condición o situación deben corresponder acciones propias y medios
adecuados.
Las empresas peculiares con que los heraldos del Evangelio, enviados por la Iglesia,
yendo a todo el mundo, realizan el encargo de predicar el Evangelio y de implantar la Iglesia
misma entre los pueblos o grupos que todavía no creen en Cristo, comúnmente se llaman "
misiones ", que se llevan a cabo por la actividad misional, y se desarrollan, de ordinario, en
ciertos territorios reconocidos por la Santa Sede.
El fin propio de esta actividad misional es la evangelización e implantación de la
Iglesia en los pueblos o grupos en que todavía no ha arraigado. De suerte que de la semilla de
la palabra de Dios crezcan las Iglesias autóctonas particulares en todo el mundo
suficientemente organizadas y dotadas de energías propias y de madurez, las cuales, provistas
convenientemente de su propia Jerarquía unida al pueblo fiel y de medios connaturales al
plano desarrollo de la vida cristiana, aportes su cooperación al bien de toda la Iglesia.
El medio principal de esta implantación es la predicación del Evangelio de Jesucristo,
para cuyo anuncio envió el Señor a sus discípulos a todo el mundo, para que los hombres
regenerados se agreguen por el Bautismo a la Iglesia que como Cuerpo del Verbo Encarnado
se nutre y vive de la palabra de Dios y del pan eucarístico.
Es esta actividad misional de la Iglesia se entrecruzan, a veces, diversas condiciones:
en primer lugar de comienzo y de plantación, y luego de novedad o de juventud. La acción
misional de la Iglesia no cesa después de llenar esas etapas, sino que, constituidas ya las
Iglesias particulares, pesa sobre ellas el deber de continuar y de predicar el Evangelio a
cuantos permanecen fuera.
Además, los grupos en que vive la Iglesia cambian completamente con frecuencia por
varias causas, de forma que pueden originarse condiciones enteramente nuevas. Entonces la
Iglesia tiene que ponderar si estas condiciones exigen de nuevo su actividad misional.
Además en ocasiones, se dan tales circunstancias que no permiten, por algún tiempo,
proponer directa e inmediatamente el mensaje del Evangelio; entonces las misiones pueden y
deben dar testimonio al menos de la caridad y bondad de Cristo con paciencia, prudencia y
mucha confianza, preparando así los caminos del Señor y hacerlo presente de algún modo.
Así es manifiesto que la actividad misional fluye íntimamente de la naturaleza misma
de la Iglesia, cuya fe salvífica propaga, cuya unidad católica realiza dilatándola, sobre cuya
apostolicidad se sostiene, cuyo afecto colegial de Jerarquía ejercita, cuya santidad testifica,
difunde y promueve.
Por ello la actividad misional entre las gentes se diferencia tanto de la actividad
pastoral que hay que desarrollar con los fieles, cuanto de los medios que hay que usar para
conseguir la unidad de los cristianos. Ambas actividades, sin embargo, están muy
estrechamente relacionadas con la acción misional de la Iglesia. Pero la división de los