1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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Capítulo I
Principios doctrinales
Designio del Padre
2.
2. La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen
de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre. pero este
designio dimana del " amor fontal" o de la caridad de Dios Padre, que, siendo Principio sin
principio, engendra al Hijo, y a través del Hijo procede el Espíritu Santo, por su excesiva y
misericordiosa benignidad, creándonos libremente y llamándonos además sin interés alguno a
participar con El en la vida y en la gloria, difundió con liberalidad la bondad divina y no cesa
de difundirla, de forma que el que es Creador del universo, se haga por fin " todo en todas las
cosas" ( 1 Cor., 15,28 ), procurando a un tiempo su gloria y nuestra felicidad. Pero plugo a
Dios llamar a los hombres a la participación de su vida no sólo en particular, excluido
cualquier género de conexión mutua, sino constituirlos en pueblo, en el que sus hijos que
estaban dispersos se congreguen en unidad ( Cf.Jn., 11,52 ).
Misión del Hijo
3.
3. Este designio universal de Dios en pro de la salvación del género humano no se
realiza solamente de un modo secreto en la mente de los hombres, o por los esfuerzos,
incluso de tipo religioso, con los que los hombres buscan de muchas maneras a Dios, para ver
si a tientas le pueden encontrar; aunque no está lejos de cada uno de nosotros ( Cf. Act.,
17,27 ), porque estos esfuerzos necesitan ser iluminados y sanados, aunque, por benigna
determinación del Dios providente, pueden tenerse alguna vez como pedagogía hacia el Dios
verdadero o como preparación evangélica. Dios, para establecer la paz o comunión con El y
armonizar la sociedad fraterna entre los hombres, pecadores, decretó entrar en la historia de
la humanidad de un modo nuevo y definitivo enviando a su Hijo en nuestra carne para
arrancar por su medio a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás ( Cf. Col., 1,13;
Act., 10,38 ), y en El reconciliar consigo al mundo ( Cf. 2 Cor., 5,19 ). A El, por quien hizo el
mundo, lo constituyó heredero de todo a fin de instaurarlo todo en El ( Cf. Ef., 1,10 ).
Cristo Jesús fue enviado al mundo como verdadero mediador entre Dios y los
hombres. Por ser Dios habita en El corporalmente toda la plenitud de la divinidad ( Cf. Col.,
2,9 ); según la naturaleza humana, nuevo Adán, lleno de gracia y de verdad ( Cf. Jn., 1, 14 ),
es constituido cabeza de la humanidad renovada. Así, pues, el Hijo de Dios siguió los
caminos de la Encarnación verdadera: para hacer a los hombres partícipes de la naturaleza
divina; se hizo pobre por nosotros, siendo rico, para que nosotros fuésemos ricos por su
