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particular me viene a la mente, Yaroslav,
quien había sufrido múltiples cirugías
intestinales. Al igual que los otros, vino
al campamento para tener compañerismo
con niños como él, utilizar los servicios
médicos del campamento y aprender
sobre Dios. Aquel sermón no satisfizo
ninguna de las necesidades de Yaroslav
de las que yo tenía conocimiento; sin
duda, él no tenía necesidad de más
miedo en su vida. Cuando hablaba con él

dirigidos a los campistas, sus palabras
también me alimentaron a mí.
La cruel lección del pastor, por el contrario, no me hizo pensar en la manera
en que me relaciono con otras personas,
ni con los que estaban a mi alrededor, ni
con Dios. Innumerables campistas declararon su fe en Cristo después de escucharlo, por supuesto, ¿pero cómo podían
responder de otra manera al mensaje de
“arrepiéntete o arde por toda la eterni-

Los niños que lo
escuchaban ese día ya
estaban familiarizados
con una clase de infierno
en este mundo.

y con los otros niños, me parecía que lo
que necesitaban era atención, aliento y
lo que 1 Juan 4.18 describe como “amor
perfecto [que] echa fuera el temor”.
También conocí a los trabajadores
locales que servían a los niños. Aunque
la MBC nos aconsejó que no comiéramos productos del campo de Bielorrusia
porque podían estar contaminados por
la lluvia radioactiva, el fruto del Espíritu
demostrado por los líderes del estudio
bíblico no se vio afectado por la radiación. Cuando aquellas personas enseñaban, hablaban con tal ternura que yo
sentía regocijo al llamarles hermanos
en Cristo. Aunque sus mensajes estaban

dad” presentado ese día?
En apariencia, el pastor parecía haber
tenido éxito al lograr el resultado deseado. Pero me pregunto si podía haber
sido convencido de que reconsiderara su
método, de haber sabido lo que yo había
aprendido en cuanto a su audiencia.
En vez de resaltar las consecuencias de
rechazar a Cristo, pudo haber hablado de
lo que significa poner la fe en el Salvador
y ser aceptado por Él. En particular,
estoy pensando en Juan 1.12, que dice:
“Mas a todos los que le recibieron, a los
que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios”.
Los niños de Kobryn necesitaban
saber que Dios anhela relacionarse con
ellos. Esos niños que se habían convertido en hermanos gracias a las secuelas de
Chernobyl necesitaban saber que también podían ser hijos de Dios. l
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