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UNIDAD II: Cultura y Socialización
los aprendizajes, mientras que su capacidad para las conexiones emocionales le facilita la
internalización de normas y valores.
Sin embargo, este planteo, aunque objetivo, es incompleto. El niño no es únicamente un ser
plástico, dependiente y sensitivo: como lo han destacado los interaccionistas, es asimismo un
sujeto activo, que busca interpretar el significado de su entorno.
Cuando marcamos cierto grado de autonomía individual en el proceso de socialización, cuando
decimos que la síntesis que cada niño realiza supone siempre algo nuevo, rozamos el tema de la
individualización.


Otros aspectos de la socialización

Durante su proceso de formación, todos los socializandos aprenden papeles, pero no todos ellos
aprenden los mismos roles. Así, toda socialización aparece, simultáneamente, como diferenciación
social. Los ejes básicos de esa diferenciación son: el sexo y la relación con la estructura productiva.
La socialización implica también recibir un lugar en la estructura de desigualdades propia de
nuestra sociedad, y aprender a actuar desde allí, es la colocación social originaria. Si de lo que se
trata es de convertir al niño en miembro de la sociedad, y ésta tiene una estructura de
desigualdades, el niño necesita aprender desde dónde participará en la vida social.
Por otra parte, puede señalarse, siguiendo a Mead, que la formación del yo no puede separarse de
la formación de la persona inicial. Se plantea entonces, la relación entre socialización e
individualización. Desde ciertos puntos de vista, socialización e individualización aparecen como
procesos estrictamente separados y opuestos, de tal modo que si uno de ellos gana terreno, es a
expensas de otro. Para explicar la individualización humana, se necesita acudir al carácter
necesariamente incompleto de la socialización: nadie internaliza todas las normas de su cultura.
En esta perspectiva, somos seres individuales en la medida en que la sociedad lo permite: el ser
individual es una suerte de interior recóndito adonde la sociedad no llega. La ineficiencia de los
agentes socializadores así como la variabilidad biológica contribuyen a desarrollar la
individualidad. Pero ello no debe hacer perder de vista que, al mismo tiempo, la socialización
incentiva la individualización.
No se trata solamente de que sólo podamos ser seres individuales en la medida en que la sociedad
nos autoriza a ello. Simultáneamente, somos nosotros mismos en la medida en que esa sociedad,
aceptada en nosotros, lo vuelve posible; obviamente, puede posibilitarlo en grados diferentes.
En resumen, no puede decirse que socialización e individualización constituyen partes de un único
proceso, sólo analíticamente distinguibles (como el caso de socialización y diferenciación social).
Pero tampoco son dos términos mutuamente excluyentes: en alguna medida, se implican entre sí.
Llegar a ser miembro de la sociedad requiere una identidad, y esta construcción es, en sí misma,
un proceso social, que ocurre en interacción con otros significativos para nosotros.

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María Inés Bergoglio