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UNIDAD II: Cultura y Socialización


Dimensiones de la socialización

La socialización puede ser vista como el proceso a través del cual se aprende a participar en la vida
social. Este proceso abarca diferentes dimensiones.






Dimensión de imposición: este es un componente coercitivo. Durkheim ha sido, quien más ha
insistido en este aspecto de la socialización como adaptación. Para él, padres y maestros no
son sino los transmisores de la presión de la sociedad, presión que acompaña al individuo a lo
largo de su vida: pues lo social, es, por definición, coactivo.
En general, este aspecto de la socialización aparece claramente en los autores que trabajan
dentro del paradigma del consenso, que tienden a subrayar el modo en que las estructuras
sociales se imponen a los actores sociales. También Parsons, al indicar que la recompensa y el
castigo constituyen mecanismos específicos de socialización, recoge esta perspectiva.
Dimensión de adquisición: se aprende en primer lugar un lenguaje, y con él, el sistema de
ideas, sentimientos y hábitos propios del grupo. Se obtiene también la información necesaria
para sobrevivir en el ambiente, tanto natural como humano, de la propia comunidad. En las
sociedades contemporáneas, la escolarización masiva, hace claramente evidente esta
dimensión de la socialización.
Entre los sociólogos, ha sido Parsons quien más ha enfatizado la idea de la socialización como
un proceso de aprendizaje, durante el cual se adquieren las orientaciones precisas para
funcionar en un rol, o, en la conceptualización de Agulla, un complejo organizado de roles y
status. La infancia se nos aparece, de este modo, no sólo como un estadio durante el cual el
niño se adapta a los modos de ser, sentir y obrar de su sociedad, sino también como una etapa
durante la cual se apropia de la experiencia social acumulada. Es lo que Parsons llama
socialización por instrucción.
Dimensión de internalización: supone el adentramiento de lo social en el niño. La sociedad
pasa a ser entonces, para cada uno de nosotros, no sólo una realidad objetiva, sino también
una realidad subjetiva. El niño incorpora a sí los valores, los roles, las pautas sociales; las
interioriza, de tal modo que se convierten en parte de él.
Berger y Luckmann -al igual que los interaccionistas, enfatizan la importancia de esta
dimensión en la socialización-, han señalado igualmente uno de sus requisitos centrales. Para
que el niño haga suyos los valores y normas de su sociedad, es necesaria habitualmente, una
carga emocional, un vínculo intensamente afectivo entre el niño y el agente socializador.
Este aspecto intensamente afectivo de la internalización resulta claro en la primera infancia,
cuando ocurre lo que llamamos socialización primaria. Pero se registra igualmente
dondequiera que el proceso de socialización apunta a la construcción de una nueva identidad
del sujeto. Así, esta carga emocional está presenta en los procesos de re-socialización de
adultos (como la psicoterapia, la conversión religiosa o el lavado de cerebro).

Las tres dimensiones del proceso de socialización que han sido identificadas en la teoría suponen
la caracterización del niño como un ser dependiente, plástico y sensitivo. Su dependencia frente a
los adultos lo obliga a someterse a sus imposiciones; al mismo tiempo, su plasticidad le posibilita

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María Inés Bergoglio