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Petra hizo ademán de contestar, pero Lina continuó. — En fin. Mal aliento de una
anciana y lloros de una sirena demasiado… delicada — dijo mientras acariciaba la
anguila que colgaba de su hombro izquierdo— si ese es el precio que hay que pagar
para que nuestras crías crezcan sanas y salvas, preguntémosle al pueblo si está
dispuesto a pagarlo. Disfrutad de la Venida de Proteo, Petra, Ha Laya. — dejó su concha
vacía en la roca, y se sumergió.
Nada le auguraba a Isla el desastre que se le echaba encima.