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organización, un trabajo muy de mujer según opinaba Tok. El no se consideraba machista,
pero a las mujeres les faltaba la frialdad necesaria para hacer el trabajo que se hacía en la 23.
Al lado de esas mujeres, entre las mesas había arcos de seguridad que detectaban cualquier
amenaza, desde explosivos a cualquier producto químico. Junto a cada arco había 4 hombres
que parecían el mismo copiado varias veces. Alto, muy fuerte, con un traje negro y gafas de sol
negras con una patilla especialmente ancha, que indicaba que llevaban algún mecanismo en
su interior, aunque nadie en la sección 23 sabía la realidad que se ocultaba tras aquellas gafas.
Tok llegó al arco de seguridad y separó las manos del cuerpo para pasar. El arco pitó avisando
que había detectado algo. Tok, acostumbrado dijo:
-Mis armas y alcohol que bebí anoche. (El arco, como Tok había descubierto, detectaba el
alcohol en el cuerpo).
El jefe de los de seguridad se dirigió a él
-¿Otra vez? es el cuarto día que das positivo en alcohol.
Tok, que no era fácil de intimidar se volvió hacia él y pegó tanto su cara que parecía que le iba
a dar un beso. Se quedó así 5 segundos hasta que dijo:
-Lo que haga con mi vida es mi problema. Mientras me siga encargando de quitar gente de en
medio y lo siga haciendo bien tu chist. Calladito. O cualquier día, por error, te meteré en mi
lista.
-Inténtalo.
Pero se apartó y lo dejó pasar.
Detrás del arco de seguridad salían varias escaleras, cada una llevaba a un sitio y no había
ningún cartel. La sección 23 estaba diseñada para que si alguien lograra entrar se perdiera
fácilmente. Tok cogió la tercera escalera por la derecha, que tras el primer tramo giraba a la
derecha y llegaba a una falsa pared. Una vez en la pared Tok dijo el código en voz alta y la
puerta se abrió. Ese era la zona de los agentes de campo. Estaba diseñada de tal manera que
cada agente tenía un puesto de trabajo, con un joven asistente asignado. Todos los puestos de
trabajo estaban en un círculo invertido, de tal manera que no se podía mirar nada sin que lo
vieran los otros compañeros. Era una forma del GUT de recordarles a los agentes que siempre
había alguien vigilándolos.
-Oye Tok -Lo llamó alguien alzando la vozEra Eloy, su asistente. Tok no entendía como lo habían aceptado como asistente y futuro
agente de la 23, era demasiado iluso y risueño. Tendría unos 25 años, era un chaval de padres
desconocidos (al menos para él) que habían fichado al ver su “trabajo”. Su trabajo había sido
matar a 20 personas del centro donde vivía con una bomba de su invención, y aunque siempre
lo negó lo condenaron a cadena perpetua, pero el trabajo había llamado la atención de la
sección 23 que lo hizo desaparecer (se le dio por muerto) y lo fichó. Ahora (Al igual que todos
los agentes de campo) tenía varias identidades.
-Hola Eloy.
-Tengo novedades. He intentado acceder a los datos familiares de tu prisionera, pero me dice
que son datos clasificados. ¿Hay algunos datos a los que no podamos acceder desde aquí?
Tok frunció el ceño. Su asistente solía hacer preguntas obvias. A veces, como en esta ocasión,
hasta incomodas. Bajó la voz.
-Mira chico, si yo fuera otro te pegaba un tiro aquí y ahora, por preguntar lo que no debes. Ya
sabes lo que te dije el primer día, ver oír y callar. Así que calla y dime que más ha pasado y
averiguado.
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