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Núm. 3: * Abba. ¿Cómo se emplea el término Abba en la Biblia, y qué mal
uso le han dado los hombres? (it-1 pág.13)
*** it-1 pág. 13 Abba ***
La palabra aramea ʼab·báʼ es la forma enfática o definida
de ʼav, y literalmente significa “oh, padre” o “el padre”. Era el
nombre cariñoso que usaban los niños al referirse a sus padres, y combina algo de la intimidad de la palabra española
“papá” con la dignidad de la palabra “padre”, de modo que es
una expresión informal y a la vez respetuosa. Por lo tanto, más
bien que un título, era una forma cariñosa de expresarse y una
de las primeras palabras que un hijo aprendía a decir.
Esta palabra aramea aparece tres veces en las Escrituras,
y siempre en su forma transliterada al griego, como también la
transliteran la mayoría de las traducciones españolas. En todos los casos viene seguida inmediatamente de su traducción
al griego ho pa·tḗr, cuyo significado literal es “el padre” o, usado como vocativo, “oh, padre”. Siempre se emplea con referencia al Padre celestial, Jehová.
Marcos registra que Jesús utilizó esta expresión al orar a
Jehová Dios en el jardín de Getsemaní poco antes de su muerte, cuando dijo: “Abba, Padre, todas las cosas te son posibles;
remueve de mí esta copa. No obstante, no lo que yo quiero,
sino lo que tú quieres”. (Mr 14:36.) He aquí un ferviente ruego
dirigido por un hijo a un padre amado, seguido inmediatamente
de una afirmación de obediencia incondicional.
Las otras dos veces que aparece esta expresión es en las
cartas de Pablo, en Romanos 8:15 y Gálatas 4:6. En ambos
lugares se usa con relación a los cristianos a quienes se llama
para que sean hijos de Dios engendrados por espíritu, y denota la intimidad de su relación con el Padre. Aunque son
“esclavos de Dios” y “comprados por precio”, también son hijos
en la casa de un Padre amoroso, condición de la que se les
hace plenamente conscientes por medio del espíritu santo a
través de su Señor Jesús. (Ro 6:22; 1Co 7:23; Ro 8:15; Gál
4:6.)
Semana del 27 de Enero
Más que una simple traducción al griego del vocablo
arameo, hay quien ve en la yuxtaposición de las palabras
ʼAb·báʼ y “Padre” la confianza, intimidad y sumisión propias de
un niño, junto con un aprecio maduro de la relación filial y sus
responsabilidades. De estos textos parece desprenderse que
en los tiempos apostólicos los cristianos usaban el término
ʼAb·báʼ en sus oraciones a Dios.
En los primeros siglos de la era común, la palabra ʼAb·báʼ
llegó a usarse como un título honorífico aplicado a los rabinos
judíos, y en ese sentido se usa en el Talmud Babilonio
(Berajot, cap. II, 16b). El que actuaba en calidad de vicepresidente del Sanedrín judío ya ostentaba el título ʼAv, o Padre del
Sanedrín. Posteriormente también se asignó este título a los
obispos de las iglesias copta, etíope y siria, y, de manera más
particular, llegó a ser el título del obispo de Alejandría, título
que lo convirtió en el “papa” de esa parte de la Iglesia oriental.
Las palabras españolas “abad” y “abadía” se derivan de la expresión aramea ʼab·báʼ. Jerónimo, el traductor de la Vulgata
latina, objetó al uso que en su día se hacía del título “abad”
para referirse a los monjes católicos, alegando que violaba las
instrucciones de Jesús registradas en Mateo 23:9: “Además,
no llamen padre de ustedes a nadie sobre la tierra, porque uno
solo es su Padre, el Celestial”.
EMT 2014 Referencias para la Escuela del Ministerio Teocrático
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