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Presentación del libro La voz de los Lonkos.pdf


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situación sería ventajosa o desventajosa”, si era un Mapuche, “creo que la gente se
levantaría con mayor fuerza”. Un agricultor de Collipulli, a principios del 2001, reconocía
que disparaban a los Mapuche cuando ocupaban sus tierras, “sólo de milagro no ha
muerto uno”, según él, porque sabía ocupar bien las armas. José Miguel Insulza, Ministro
del Interior, decía: “¡Qué pensaría, Dios no lo quiera si ocurren algún hecho de sangre!”.
Para subrayar que “todos los días trabajaba para que no hubieran muertos”, algo que
obviamente no consiguió y que inclusive, la política adoptada entre la criminalización y el
salto cualitativo en el accionar coercitivo de la policía lo único que hicieron fue acrecentar
la violencia a niveles que todos vieron alarmados cuando murieron horrendamente
calcinados a principios de este año la pareja de agricultores en Vilcún.
La violencia política fue un instrumento que aportó en la descolonización del pueblo
Mapuche y en visibilizar la cuestión autodeterminista, pero su ritualización ha llevado a un
estancamiento del movimiento Mapuche, cuando el contexto político hoy, no estructural,
es distinto al de mediados de los 90. Lo que puedo observar entre 2001 y 2002, es que la
violencia de todos, ha llevado a una brutalización de los actores políticos, siendo la
pérdida de la importancia de las vidas un de los hechos más graves para la sociedad en
su conjunto y el movimiento Mapuche en particular. Uno de los pocos que hizo un llamado
atención a esto fue Aucan Huilcaman, siempre político, dijo por 1999, que la posibilidad de
una víctima Mapuche “se ve peligrosamente cercana, si esto sucede, se produciría un
proceso de desvalorización de la vida que puede llevar a situaciones verdaderamente
extremas e imprevisibles”.
Azkintuwe irrumpe cuando Alex Lemun había sido asesinado; la Operación Paciencia
había mandando a la clandestinidad a la CAM; Víctor Ancalaf, Patricia Troncoso y los
Longko Anicerto Norin y Pascual Pichun, estaban siendo procesados para terminar
prisioneros bajo la temible Ley Antiterrorista, marcando un cierre de la historia del
movimiento autodeterminista para iniciar uno nuevo. Así por lo menos, visualizo la
irrupción de la revista.
Azkintuwe se enmarcó desde sus primeros números desde la trinchera política
autodeterminista, apostando por ser un “mirador” o un “observador” del quehacer político,
en la “reconstrucción de aquella vieja utopía del país mapuche, privilegiando-por cierto-a
aquellos sectores más marginados y necesitados de la expresión”. Se pensaba para todo
el Wallmapu, del Wallmapu y para el Wallmapu, como lo dejan establecido en una suerte
de declaración de principios. Adscribiendo a una corriente nacionalista Mapuche, el