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—Me parece completamente normal —fue la respuesta—. El uso del vapor, la electricidad, el
viento, e1 agua u otra energía natural, sin voluntad, depende de la inteligencia de un ingeniero.
Nuestro poder subconsciente no puede funcionar sin su propio ingeniero: nuestra técnica
consciente. Sólo cuando un actor siente que su vida interna y externa en la escena fluyen, y que
se realizan de una manera natural y normal en las circunstancias que le rodean, es cuando las
más profundas fuentes de su subconsciente se abren sin esfuerzo, y de ellas nacen sentimientos
que no siempre podemos analizar. Por un espacio mayor o menor de tiempo se posesionan de
nosotros siempre que algún instinto interno lo ordene. No entendiendo ni pudiendo estudiar este
poder que así los gobierna, nosotros, los actores, le llamarnos simplemente naturaleza.
“Pero si usted quebranta las leyes de la vida orgánica normal y ésta deja de funcionar
debidamente, entonces este subconsciente, altamente sensitivo, se siente afectado y deja de
actuar. Para impedir esto, planee primero, conscientemente, su rol, luego actúelo con veracidad.
En este punto el realismo, y aun el naturalismo, en la preparación interna de una parte, es
esencial, porque hace que el subconsciente trabaje y que brote la inspiración.
—De lo que usted nos ha dicho, infiero que para estudiar nuestro arte debemos asimilar o
adquirir una técnica psicológica de cómo vivir una parte, y que eso nos ayudará a cumplir
nuestra finalidad principal, que es crear la vida de un espíritu humano —dijo Paul Shustov.
—Es correcto, pero no completo —replicó Tortsov—. Nuestra finalidad no es sólo crear la vida de
un espíritu humano, sino también “expresarla en forma artística, bella”. Un actor está obligado a
vivir su parte de una manera internamente controlada, cuidadosamente, y dar cuerpo,
externamente, a su experiencia. Le pido que note, en especial, que la dependencia del cuerpo
respecto al alma es particularmente importante en nuestra escuela de arte. A fin de expresar una
más delicada y completa vida subconsciente, es necesaria tener control de un aparato físico y
vocal excepcionalmente responsable, excelentemente preparado. Este aparato debe estar listo,
al instante, para reproducir exacto y fiel los más delicados e inclusive todos los intangibles
sentimientos con gran sensibilidad y exactitud. He aquí por qué un actor de nuestro tipo está
obligado a trabajar mucho más que otros, tanto en su preparación interna, que crea la vida de la
parte, como en su aparato externo, que debe reproducir con precisión los resultados de la labor
creadora de sus emociones.
“Aun exteriorizar un papel, es algo grandemente influenciado por el subconsciente. De hecho,
ninguna técnica artificial, teatral, puede nunca compararse con las maravillas que la naturaleza
pone de manifiesto.
“He señalado a ustedes hoy, en líneas generales, lo que consideramos esencial. Nuestra
experiencia nos ha llevado a adquirir una firme creencia de que sólo el arte de esta clase,
empapado como está de experiencias vivas de seres humanos, puede artísticamente reproducir
los impalpables fondos, sombras y matices de la vida. Sólo un arte como este puede absorber
por completo al espectador, y hacerle comprender y experimentar internamente los sucesos que
se desarrollan en la escena, enriqueciendo su vida íntima y dejándole impresiones que no se
borran con el tiempo.
“Más aún, y esto es de primera importancia: las bases orgánicas de las leyes de la naturaleza,
en las que nuestro arte se funda, les protegerán, en el futuro, de caer en el camino errado.
¿Quién sabe bajo qué directores, o en qué teatros trabajarán ustedes? No en todas partes ni con
todos encontrarán una labor creadora basada en la naturaleza. En la gran mayoría de los
teatros, los actores y productores violan de continuo la naturaleza en la forma más vergonzosa.
Pero si ustedes están seguros de conocer los límites del verdadero arte, y las leyes orgánicas
naturales, no se perderán, siempre serán capaces de notar y entender sus errores y corregirlos.
Es esta la razón de que el estudio de los fundamentos de nuestro arte sea el principio del trabajo
de cada actor estudiante.
—Sí, sí —exclamé—. Me siento feliz por haber dado un paso, aunque haya sido uno solo, en esa
dirección.