PROGRAMA SECUNDARIA EDUCACION FISICA 2011.pdf


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competencias que empiezan a desarrollarse desde preescolar, hasta llegar al uso del
pensamiento creativo y la acción razonada del uso de su tiempo libre en secundaria.
Por ello, el planteamiento curricular de los programas de estudio de Educación
Física se orienta al desarrollo de competencias e implica promover y fortalecer conocimientos tanto declarativos como procedimentales, habilidades y destrezas, así
como actitudes y valores, para formar un sentido de la confrontación lúdica, explorar y disfrutar el juego, y satisfacer los intereses personales. Las competencias que
se favorecen en el nivel de secundaria en la asignatura son: Integración de la corporeidad, Expresión y realización de desempeños motrices sencillos y complejos, y
Dominio y control de la motricidad para plantear y solucionar problemas.
Competencias

específicas de

Educación Física

Integración de la corporeidad. El esquema corporal representa, de manera general, la idea que cada persona
tiene de su propio cuerpo y sus sensaciones, ya sean externas (como el frío, el calor, las texturas, el control de
las relaciones espaciales) o internas (el sueño, el hambre, el nerviosismo y las posiciones que adopta).
El cuerpo posee un límite, una frontera, que separa el medio interno del externo, lo cual permite que las
personas se creen una imagen de sí mismas, de sus recursos y posibilidades, y es una construcción activa,
determinada, en gran parte, por las condiciones socioculturales.
Los sentidos proporcionan, junto con la información vestibular, el control sobre el equilibrio del cuerpo y,
en especial, sobre los movimientos de rotación de la cabeza. Además, la información cinestésica –relacionada
con las capacidades perceptivas y físicomotrices– permite reconocer las presiones, intensidades, rotaciones,
fricciones, movimiento e inmovilidad de cada parte del cuerpo y su relación entre todos estos elementos, lo
cual constituye la base de la actividad motriz y se ajusta en todo momento.
Aunado a lo anterior se encuentran las capacidades sociomotrices, que se refieren a la interacción cooperativa con los compañeros, al antagonismo con los adversarios, a la ubicación –el espacio y la incertidumbre
a resolver–, entre otras; estas capacidades son las responsables de generar las respuestas motrices, sean de
anticipación o de preacción.
La integración de la corporeidad comprende la estima y la imagen, o toma de conciencia de sí mismo, que
se fortalece con el conocimiento y la práctica de las diversas expresiones lúdicas. Contribuir a ella equivale
a propiciar un encuentro individual con las posibilidades y límites personales mediante una práctica emotiva
y vívida. La noción que de sí mismos tengan las personas y la manera en que conciban su corporeidad será
diferente para cada uno, de acuerdo con las circunstancias y los dominios de acción que la Educación Física
les proporcione. Esta noción, de hecho, está permanentemente en construcción debido al tipo y la calidad de
las acciones en que se participa y que influyen en el tono muscular, en los apoyos de los que se “echa mano”
y en los gestos que se efectúan.
Por todo lo anterior, la integración de la corporeidad considera que cualquier acción educativa debe estar
dirigida a la consolidación del esquema corporal del alumno y a ponerlo en relación directa con el reconocimiento de sí mismo a partir de los componentes sociales y culturales, que condicionan la forma de construir,
vivir y comprender el cuerpo.
Expresión y realización de desempeños motrices sencillos y complejos. Se relaciona con el sentimiento
de confianza, de saberse y sentirse competente para actuar; sobre todo, implica comprender las propias
acciones. Esto responde a muchas variables que intervienen en cada situación o juego: la incertidumbre
derivada de las reacciones de los demás y del entorno; la iniciativa y la necesidad de confundir al adversario,
y la improvisación (desempeños motrices sencillos). Los complejos suponen comprender el desarrollo y la
secuencia de las actividades y cometidos; nunca son pasivos, por el contrario, requieren la reinterpretación
constante: en un juego es necesario percibir, anticiparse y preactuar; es decir, saber cómo hacer las cosas,
en qué momento y con quién participar.
La manifestación de los desempeños está sujeta a rasgos biomecánicos, energéticos y emocionales que
actúan en relación con el tiempo; por ejemplo, el momento de la jugada, la cual constituye una secuencia de
acciones con determinada duración y que sólo se repite cuando hay una nueva posesión del implemento o

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