PROGRAMA PREESCOLAR 2011.pdf


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Los pequeños enriquecen su lenguaje e identifican sus funciones y características
en la medida en que tienen variadas oportunidades de comunicación verbal; cuando
participan en diversos eventos comunicativos en que hablan de sus experiencias, sus
ideas y de lo que conocen; cuando escuchan y atienden lo que otros dicen, aprenden
a interactuar y se dan cuenta de que el lenguaje permite satisfacer necesidades tanto
personales como sociales. Los avances en el dominio del lenguaje oral no dependen
sólo de la posibilidad de expresarse oralmente, sino también de la escucha, entendida
como un proceso activo de construcción de significados. Aprender a escuchar ayuda
a afianzar ideas y a comprender conceptos.
Hay quienes a los tres, cuatro o cinco años se expresan de una manera comprensible y tienen un vocabulario que les permite comunicarse, pero también hay pequeños
que en sus formas de expresión evidencian no sólo un vocabulario reducido, sino timidez e inhibición para expresarse y relacionarse con los demás. Estas diferencias no se
deben necesariamente a problemas del lenguaje, porque la mayor parte de las veces
son resultado de la falta de un ambiente estimulante para el desarrollo de la capacidad
de expresión. Para las niñas y los niños la escuela constituye un espacio propicio para

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el enriquecimiento del habla y, en consecuencia, el desarrollo de sus capacidades cognitivas mediante la participación sistemática en actividades en que puedan expresarse
oralmente; que se creen estas situaciones es muy importante para quienes provienen de
ambientes en los que hay pocas oportunidades de comunicación e intercambio.
Aunque en los procesos de adquisición del lenguaje existen pautas generales, hay
variaciones individuales relacionadas con ritmos de desarrollo y también, de manera muy
importante, con los patrones culturales de comportamiento y formas de relación que
caracterizan a cada familia. La atención y el trato a las niñas y los niños en la familia, el
tipo de participación que tienen y los roles que desempeñan, así como las oportunidades
para hablar con adultos y otros niños, varían entre culturas y grupos sociales, y son factores de gran influencia en el desarrollo de la expresión oral.
Cuando las niñas y los niños llegan a la educación preescolar, en general poseen
una competencia comunicativa: hablan con las características propias de su cultura,
usan la estructura lingüística de su lengua materna y la mayoría de las pautas o los
patrones gramaticales que les permiten hacerse entender; saben que pueden usar el
lenguaje con distintos propósitos: manifestar sus deseos, conseguir algo, hablar de sí
mismos, saber acerca de los demás, crear mundos imaginarios mediante fantasías y
dramatizaciones, etcétera.
La incorporación a la escuela implica usar un lenguaje con un nivel de generalidad
más amplio y referentes distintos a los del ámbito familiar; proporciona a las niñas y los
niños oportunidades para tener un vocabulario cada vez más preciso, extenso y rico en
significados, y los enfrenta a un mayor número y variedad de interlocutores. Por ello, la