PROGRAMA PREESCOLAR 2011.pdf


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piensa, los acuerdos y desacuerdos que se tienen con las ideas de otros, o las
conclusiones que derivan de una experiencia; además, son el antecedente de la
argumentación.

La participación de las niñas y los niños en situaciones en que hacen uso de estas
formas de expresión oral con propósitos y destinatarios diversos es un recurso para que
cada vez se desempeñen mejor al hablar y escuchar, y tiene un efecto importante en
el desarrollo emocional, porque les permite adquirir mayor confianza y seguridad en sí
mismos e integrarse a los distintos grupos sociales en que participan. Estos procesos
son válidos para el trabajo educativo con todas las niñas y todos los niños, independientemente de la lengua materna que hablen (sea lengua indígena o español).
Por estas razones, el uso del lenguaje, en particular del lenguaje oral, tiene la más
alta prioridad en la educación preescolar.
Además de los usos del lenguaje oral, se requiere favorecer la incorporación a la
cultura escrita a partir de situaciones que impliquen la necesidad de expresión e interpretación de diversos textos.

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Como sucede con el lenguaje oral, las niñas y los niños llegan a preescolar con
ciertos conocimientos sobre el lenguaje escrito que han adquirido en el ambiente en
que se desenvuelven (por los medios de comunicación, las experiencias de observar e
inferir los mensajes en los medios impresos, y su contacto con los textos en el ámbito
familiar); saben que las marcas gráficas dicen algo –tienen significado– y son capaces
de interpretar las imágenes que acompañan a los textos; asimismo, tienen algunas
ideas sobre las funciones del lenguaje escrito (contar o narrar, recordar, enviar mensajes o anunciar sucesos o productos); esto lo han aprendido al presenciar o intervenir
en diferentes actos de lectura y escritura, como escuchar a otros, leer en voz alta, observar a alguien mientras lee en silencio o escribe, o escuchar cuando alguien comenta
sobre algo que ha leído. Además, aunque no sepan leer y escribir como las personas
alfabetizadas, intentan representar sus ideas por medio de diversas formas gráficas y
hablan sobre lo que anotan y lo que “creen que está escrito” en un texto.
Es evidente que hay niños que llegan a preescolar con mayor conocimiento que
otros sobre el lenguaje escrito. Esto depende del tipo de experiencias que tienen en su
contexto familiar, porque mientras más ocasiones tengan de estar en contacto con textos escritos y de participar en una variedad de actos de lectura y de escritura, tendrán
mejores oportunidades de aprender. Por ello hay que propiciar situaciones en que los
textos cumplan funciones específicas y les ayude a entender para qué se escribe; vivir
estas situaciones en la escuela es aún más importante para quienes no han tenido la
posibilidad de acercamiento con el lenguaje escrito en su contexto familiar.