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La interacción de los pequeños con los textos fomenta su interés por conocer su
contenido y es un excelente recurso para que aprendan a encontrarle sentido al proceso de lectura, incluso antes de saber leer de forma autónoma.
Escuchar la lectura de textos y observar cómo y para qué escriben la maestra y
otros adultos, jugar con el lenguaje para descubrir semejanzas y diferencias sonoras,
reconocer que es diferente solicitar un permiso de manera oral que hacerlo por escrito,
intentar leer y escribir a partir de los conocimientos previamente construidos sobre el
sistema de escritura, son actividades en que las niñas y los niños practican sus capacidades cognitivas para avanzar en la comprensión de los significados y usos del
lenguaje escrito, y aprender a leer y a escribir.
Presenciar y participar en actos de lectura y escritura permite advertir que se escribe de izquierda a derecha y de arriba abajo; que se lee en el texto escrito y no en las
ilustraciones –pero también que éstas significan y representan algo en el texto–; que
hay diferencias entre el lenguaje que se emplea en un cuento, en un texto informativo
y en otros textos, así como identificar las características de la distribución gráfica de
ciertos tipos de texto, la diferencia entre letras, números y signos de puntuación, entre
otras cosas.
Experiencias como utilizar el nombre propio para marcar sus pertenencias o registrar su asistencia; llevar control de fechas importantes o de horarios de actividades
escolares o extraescolares en el calendario; dictar a la maestra un listado de palabras
de lo que se requiere para organizar alguna actividad, los ingredientes de una receta de
cocina y el procedimiento de preparación; elaborar en grupo una historia para que la
escriba la maestra y la revisen todos permite a las niñas y los niños descubrir algunas de
las características y funciones de la lengua escrita. Al participar en situaciones en las
que interpretan y producen textos, no sólo aprenden acerca de su uso funcional, sino
también disfrutan de su función expresiva, ya que al escuchar la lectura de textos literarios o al escribir con la ayuda de la maestra expresan sus sentimientos y emociones,
y se trasladan a otros tiempos y lugares haciendo uso de su imaginación y creatividad.
El proceso de escribir es reflexivo, de organización, producción y representación
de ideas, así que las niñas y los niños aprenden a escribir escribiendo para destinatarios reales; compartir con los demás lo que se escribe es una condición importante que
les ayuda a aprender. Hacen intentos de escritura como pueden o saben, mediante dibujos y marcas parecidas a las letras, o letras propiamente; estos intentos representan
pasos fundamentales en el proceso de apropiación del lenguaje escrito.
En síntesis, antes de leer y escribir de manera convencional, las niñas y los niños
descubren el sistema de escritura, algunas de las formas en que se organiza y sus
relaciones con el lenguaje oral y los propósitos funcionales centrales del lenguaje es-
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