Crónica Jorgeada.pdf

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Todo el rato mirando hacia atrás y por fin otra cara conocida, Alfonso, la meada se convirtió en parada y
había visto a los del grupo. Van sin problemas, pero quieren ir a un ritmo más tranquilo. Me acuerdo de
Peñalara, una ultra-trail de 110 Km y 6000 metros de desnivel, David y Miguelo habrán tomado la Jorgeada
como entrenamiento
Así que acompaño a Alfonso a partir de San Juan de Mozarrifar, pasamos por el avituallamiento de
Villanueva de Gállego, me tomo un chocolate y 2 bizcochos que me saben a gloria. Menos mal que voy con
Alfonso, porque he estado a punto de perderme en 3 o 4 ocasiones, no veo las señales
Llegamos a Zuera, en su casco urbano empiezo a notar dolor en el gemelo, el avituallamiento está bien, pero
no quiero correr con el estómago lleno, así que un picoteo ligero. Le comento a Alfonso que voy a la
ambulancia que había a la entrada y me dan réflex
Alfonso me dice que sino me importa que va a ir por delante, le digo que adelante, que no pare, no estoy
seguro de si aguantará el gemelo, a partir de ese momento los avituallamientos son además un centro de
masajes donde estirar ese gemelo
Por los caminos, en la oscuridad los andarines con sus pilotos rojos me recuerdan a los adornos de Navidad,
en los tramos de carretera, como van a los dos lados, me recuerdan a las carreteras cuando hay obras
Voy animando a todos los andarines y ellos también me animan, uno de ellos me da una alegría especial, es
Jesús María Vicente, ha reconocido mi voz
Poco a poco las luces de los andarines se van espaciando, la noche es casi de luna llena y se ve bastante bien,
así que decido apagar el frontal. Un gran acierto, porque a partir de entonces empecé a disfrutar de la
noche, miro hacia arriba un gran número de estrella me vigilan
Aún sigo con molestias, en otro avituallamiento vuelvo a ver a la ambulancia y otro chute de Réflex. Me falta
media carrera, ¿aguantará o no aguantará?
Veo estrellas fugaces, siempre que las veo pido un deseo “Que nos amemos los unos a los otros, terminen
las guerras…”, es algo que también lo hago en la capilla de la Virgen del Pilar
En todas las carreras y más si son largas, llegan momentos en los que mi mente entra en una especie de
trance. No llevo música ni nada que me distraiga, oigo mis latidos, mis pulsaciones, es una sensación que me
aporta relajación. No sé si es lo que los orientales llaman Nirvana
En un momento determinado me pongo a hablar con el gemelo, “perdona, ya sé que te he metido mucha
caña, aguanta que te promete que estos días te daré descanso”, No sé si fue casualidad o es que me hizo
caso, el caso es que el fuerte dolor bajo su intensidad a partir de ese momento
Entre los avituallamientos de Ontinar y Almudevar hay muchos ratos que no veo luces ni por delante ni por
detrás, afortunadamente ahora no tengo dudas con las señales, muchas veces en los cruces no necesito ni
encender el frontal
En los momentos que me noto algún ligero desfallecimiento como pequeños trozos de mis powerbar y doy
pequeños sorbos
El cuerpo funciona a la perfección, en los caminos mi cerebro dibuja carriles por donde pasar para no tener
problemas con las piedras. La coordinación piernas-brazos-respiración es óptima, me desplazo con el mínimo
esfuerzo
