PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf


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16.- LA ORACION DEL ALFABETO
Regresaba un campesino a la casa con su carreta , cuando, de repente, se
le salió una rueda. Como llegó la hora de hacer sus oraciones y aún no había
superado el problema, el campesino abandonó la reparación de la rueda y se
dispuso a rezar. Para su sorpresa, descubrió que había dejado olvidado en su
casa el libro de oraciones y, como tenía muy mala memoria, decidió rezar del
siguiente modo:
-Señor, como no traje el libro de oraciones, voy a recitar varias veces el
alfabeto y tú formas con mis letras las palabras que más te gusten, de modo que
te digas a ti mismo las cosas que quieras, cosas que yo sería incapaz de decirte
pues soy un hombre torpe y necio.
Cuando el campesino concluyó, el Señor dijo a uno de los ángeles que lo
acompañaban:
-De todas las oraciones que he escuchado hoy, esta ha sido sin duda la
mejor, pues ha brotado de un corazón sencillo y sincero.
(Cuento de la secta de los Jassidim, tomado de “Cuentos de humor,
ingenio y sabiduría”, de Armando José Sequera).
***
Un obispo recientemente nombrado en los mares del Sur, quería visitar
cada rincón de su vasta diócesis. Hacia el final de la gira, divisó una pequeña isla.
-¿Está habitada? –preguntó.
-Sí, pero solamente por tres viejos pescadores –le respondieron-. No vale la
pena que su Excelencia pierda su tiempo visitándolos. Viven aislados de todos,
como primitivos, casi como salvajes. Algunos dicen que están chiflados.
-De todas formas, querría visitarlos –insistió el Obispo.
Cambiaron así la ruta y se dirigieron a la isla. El obispo quiso desembarcar
solo y fue recibido con toda amabilidad por los tres extraños ancianos, que le
brindaron a su excelencia sus mejores frutos y toda su gentileza.
-Hijos míos –les preguntó el obispo- ¿pueden decirme cómo gastan el
tiempo en esta isla?
-Yo estoy muy ocupado –dijo el primero-. Desde muy temprano voy a
pescar para que mis hermanos tengan qué comer. Además, las redes están ya
muy viejas y gasto mucho tiempo remendándolas.
-También yo me la paso muy ocupado –dijo el segundo-. Desde temprano
me voy a cazar a la montaña. Con la piel de los animales salvajes hago zapatos y
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