PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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12.- PRAKASH QUERIA VER A DIOS
Prakash era un hombre santo y estaba muy orgulloso de serlo. Su mayor
deseo era ver a Dios y por ello se alegró sobre manera cuando tuvo un sueño en
el que Dios le hablaba de este modo:
-Prakash, ¿en verdad quieres verme y poseerme plenamente?
-Por supuesto que lo quiero, ese es mi mayor deseo –replicó con
impaciencia Prakash-. Toda mi vida he esperado ese momento. Incluso me daría
por satisfecho si sólo lograra vislumbrarte ténuamente.
-Voy a satisfacer tus ansias. Te abrazaré en la cumbre de la montaña, lejos
de todos.
Al día siguiente, Prakash, el hombre santo, se despertó excitado después
de una noche inquieta. La vista de la montaña y la idea de ver a Dios cara a cara
le ponían a galopar el corazón. Caminaba como si estuviera a punto de volar.
Entonces, comenzó a pensar con impaciencia qué le regalaría a Dios porque, sin
duda alguna, Dios estaría esperando algún regalo.
-¡Ya lo tengo! –pensó Prakash ilusionado-. Le llevaré mi hermoso jarrón
nuevo. Es lo único valioso que yo tengo y sin duda Dios agradecerá mi
desprendimiento. Pero no puedo llevárselo vacío. Debo llenarlo con algo.
Por largo rato estuvo pensando lo que metería en el jarrón que iba a regalar
a Dios. No tenía ni oro, ni plata, ni piedras preciosas, y además pensó que esas
cosas tal vez no le agradarían tanto a Dios pues él mismo las había creado.
-Llenaré el jarrón con mis oraciones y mis buenas obras. Sin duda que es
esto lo que Dios espera de un hombre santo como yo. Recogeré mis sacrificios y
privaciones, mi servicio al prójimo, las largas horas de meditación y de oración y
se las entregaré a Dios en mi jarrón nuevo.
Prakash se sintió feliz de haber descubierto lo que Dios quería y decidió
aumentar sus buenas obras y oraciones para llenar pronto el jarrón que regalaría
a Dios. Durante las semanas siguientes anotó cada oración, cada sacrificio, cada
obra buena colocando una piedrita en el jarrón. Cuando estuviera a punto de
rebosar, subiría con él a la montaña y se lo ofrecería a Dios.
Por fin, con su hermoso jarrón lleno de piedritas, Prakash se puso en
camino rumbo a la montaña. A cada paso iba repitiendo lo que le diría a Dios:
“Mira, Señor, ¿te gusta mi precioso jarrón? Espero que sí. Estoy seguro que te
encantará todo lo que he hecho por llenarlo y para agradarte a ti. Tómalo y ahora
sí, abrázame”.
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