PARABOLAS PARA FORMAR EN VALORES.pdf

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que a las personas. Valoramos a las personas sólo por las cosas que tienen y a
los que no tienen nada o tienen muy poco no los valoramos. Olvidamos que cada
ser humano tiene un valor absoluto, es modelo único e irrepetible, nació con la
misión de vivir y realizarse a plenitud. En el relato anterior, el ruiseñor es el más
sensato de todos. Valora los sentimientos por encima de todo: aprecia las lágrimas
del rey, languidece cuando lo encierran y cuando siente que prefieren al falso
ruiseñor, pero es capaz de ignorar el olvido anterior y vuelve a cantar para el rey
cuando enferma. El rey se cura al encontrarse con alguien (el ruiseñor) que le
hace recuperar sus sentimientos. Por ello, vuelve a la vida. A todos nos vitaliza el
contacto con nuestros sentimientos. De ahí el deber de ser ruiseñores para los
demás, ayudarles a descubrir sus sentimientos, a valorar más el ser y el sentir que
el tener o el hacer.
El ruiseñor prefiere su libertad al amor posesivo del rey, a la seguridad de
una jaula de oro. Un pájaro enjaulado es un pájaro sin horizontes, sin capacidad
de volar, lleno de falsas seguridades. Tiene miedo a ser libre. En la jaula hay
seguridad, comida, calor... Afuera hay cazadores, frío, ventiscas...Enjaulados en
nuestras comodidades, tenemos miedo a vivir, a encontrarnos en el espacio
abierto, a ser libres. Nos llenamos de cadenas, construimos barrotes al alma y
desde nuestras doradas jaulas nos llamamos libres. El deseo de seguridad nos
hace añorar las cárceles. Para vivir en una jaula, no hacen falta alas. Para instruir,
para repetir canciones, para enseñar a vivir en jaulas, por doradas que sean, no
hacen falta alas. Más bien, estorban. Necesitamos una educación que combata el
miedo a vivir, el miedo a volar, que abra las puertas de las jaulas y estimule en los
alumnos la pasión por el riesgo y la libertad, por los vuelos de altura, que combata
los peros de los que tienen miedo al compromiso y a la entrega. Si no enseñamos
a los alumnos a volar, pronto se les morirán las alas:
***
El pájaro manso vivía en la jaula, y el pájaro libre en el bosque. Pero su
destino era encontrarse y había llegado la hora.
El pájaro libre cantaba: “Amor, volemos al bosque”. El pájaro preso decía
bajito: “Ven tú aquí; vivamos los dos en la jaula”. Decía el pájaro libre: “Entre rejas
no pueden abrirse mis alas”. “¡Ay!”, suspiraba el pájaro preso, “¿sabré yo posarme
en el cielo?”.
El pájaro libre cantaba: “Amor mío, canta canciones del campo”. El pájaro
preso decía: “Estate a mi lado, te enseñaré la canción de los sabios”. El pájaro
libre cantaba: “No, no, no; nadie puede enseñar las canciones”. El pájaro preso
decía: “¡Ay!, yo no sé las canciones del campo”.
Su amor es un anhelo infinito, mas no pueden volar ala con ala. Se miran y
se miran a través de los hierros de la jaula, pero resulta vano su deseo. Y aletean
nostálgicos y cantan: “Acércate más, acércate más”. El pájaro libre grita: “¡No
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